Perelló, en la UNAM, la autoridad de trapo

Marcelino Perelló ya no tiene relación laboral con la UNAM. Disculpen ustedes que no precise en rigor que significa eso, pues al área de difusión cultural de la institución le hace falta un curso urgente de redacción además de pormenorizar el alcance de su muy desafortunado boletín informativo: no es claro si la UNAM terminó con esa relación o fue el exdirigente estudiantil del 68. Si fue Marcelino Perelló la autoridad universitaria queda, una vez más, grotescamente exhibida.


Pese a la ambivalencia de la información, no faltaron quienes, ya saben ustedes, (mal) citaron a Voltaire y aludieron a la falta de respeto a la libertad de expresión, y en el otro extremo quienes condenan a ese personaje con un linchamiento atroz, evadiendo precisamente el asunto clave, la autoridad de la UNAM. O sea que el área de comunicación social no solo no aclara nada sino que solo suscita opiniones estériles.


Pero entre esa gelatina de boletín y aquellas reacciones encendidas, sí podemos decir, porque eso es remitirnos a hechos, que la Dirección General de Asuntos Jurídicos de la UNAM inició un proceso contra Perelló por lo que dijo en aquel (tristemente) famoso programa. En un programa, reitero, once días después de las reacciones en las redes, hay que añadir. Por uno y no por decenas de ellos que durante años promovieron valores contrarios a la UNAM, el escarnio y aún la violencia contra las mujeres. Pero no solo, con la complacencia de las autoridades -las de rectoría y las de Radio UNAM- Marcelino Perelló, entre trago y groserías -ya saben, muy políticamente correctas- difamó, insultó e incluso se ufanó de transgredir normas (para beneplácito de quienes confunden eso con libertad).


Hace unos meses por ejemplo, y con notables efectos etílicos, Perelló narró desde las cabinas de Radio UNAM cómo instruyó a uno de sus colaboradores a manejar en sentido contrario sobre el eje 4 Xola, y luego andar por la vía que corresponde al Metrobús; la policía los detuvo y Perelló mostró su credencial y su urgencia de llegar al programa, por eso se burló de los policías que llevarían el auto al corralón y acordó pagarles mil pesos, eso hizo y llegó al programa para decirle a sus salmones, ya en medio del relajo, que hicieran la coperacha. Ese es un ejemplo, hay muchos, por eso reitero que eso es responsabilidad de la UNAM, su reacción lenta e ineficaz es la cuestión (tan lenta e ineficaz, que el deterioro en Radio UNAM es enorme). La difusión de esa trasgresión legal no tiene que ver con la libertad de expresión, desde los medios de comunicación públicos o privados no puede ni debe alentarse a la comisión de delitos, como el manejo en sentido contrario en la vía pública y el pago de dinero para evitar la infracción. Ese es el asunto de fondo, un Rector de trapo frente a ese y otros problemas, y unas autoridades de la radio complacientes e incluso, cómplices.

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