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Los partidos políticos son indefendibles; me parece que también lo son quienes los critican como otra forma de hacer política. Ambos actores son responsables de la crisis de la política; los primeros por su poca eficacia y sus privilegios que no corresponden con el gasto público que reciben; los segundos porque pretenden aniquilar a los partidos y sustituirlos. La política es un asunto de profesionales (como pasa con otras labores) y los partidos son parte del diseño institucional de la democracia. Por eso no es lo mismo exigir probidad y eficacia a los partidos y sus dirigentes que pretender borrarlos del panorama público: lo primero es central para la calidad de la democracia, lo segundo es profundizar la crisis. Es como si dijéramos que el pésimo prestigio de los periodistas debe ser sustituido por ciudadanos que informen desde las plataformas digitales. No, vale la pena exigir mayor calidad a los profesionales de la comunicación que pretender sustituirlos, aun y que tengamos presente que la participación ciudadana es parte de la democracia y, por ello, de la construcción de un mejor intercambio público.

CHRISTIAN SERNA /CUARTOSCURO.COM

El activismo político contra los partidos vuelve protagonistas a los ciudadanos y no sólo, los hace políticos más aún cuando el activismo pretende sustituir a los partidos y participar de otro diseño y pacto institucional para recibir los mismos privilegios y competir en procesos electorales como ciudadanos independientes de las estructuras partidistas. Pero el carácter ciudadano o político de alguien no lo hace más o mejor actor público sino las propuestas que hilvane y la manera de llevarlas a cabo. No hay democracia sin partidos como no la hay sin ciudadanos, y aunque sus roles puedan bifurcarse –por ejemplo en procesos electorales- sus funciones son diferentes: un político es un ciudadano por definición, pero un ciudadano no es necesariamente un político aunque debe tener derecho a serlo.

La democracia mexicana es muy cara; la pagan los ciudadanos tanto en lo económico como en lo político, más aun cuando los partidos no corresponden con sus expectativas, lo cual sin duda genera desencanto por la democracia misma (más aun cuando junto con la ineficacia se instala la corrupción y la impunidad).

Pero con el descrédito de la democracia sucede lo mismo que con la justicia: presenciamos la arenga autoritaria proclamada por personajes anti sistema como asistimos al reclamo de legiones ciudadanas por sustituir la justicia por la ley del talión y desaparecieron los derechos por ejemplo. Hay que fortalecer la democracia y demandar calidad a los partidos políticos igual que vale la pena reformar el sistema de justicia. Solo dentro de las instituciones y las leyes podemos construir mejores niveles de convivencia social, aunque esas instituciones y leyes no tengan la solidez requerida precisamente porque eso también es cosa de los ciudadanos.

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