Por qué no con Andrés

Hoy, muchos compañeros y compañeras de mil y un batallas y experiencias me preguntan ¿por qué he decidido no ir con Andrés Manuel López Obrador y, más aún dar una lucha frontal en contra de su candidatura?

En algún sector quisieran vendernos como un imperativo moral y político que, al ser de izquierda, se debe apoyar de manera irrestricta al tabasqueño en su tercera aspiración presidencial. Se quiere también responsabilizar de la división a quienes nunca fuimos parte de ella y, seguramente, en caso de perder, nos querrán hacer depositarios de la culpa de su propia derrota.

Primero, sobre la unidad es importante entender que no fuimos otras fuerzas de izquierda las que apostamos a ese camino. Andrés Manuel, tras ser derrotado en 2012 tomó la decisión de crear su propio Partido Político, en pleno ejercicio de sus derechos, pero su decisión, al fin y al cabo.

A diferencia del Ingeniero Cárdenas que llamó a unificar a todos los que compitieron a su lado en 1988, creando el PRD y convirtiéndose en líder de toda la izquierda de aquel momento, López Obrador dio la espalda a los tres partidos que lo apoyamos en 2012 y fundó el propio, apostando no al liderazgo de todos, sino de una secta, su secta, donde muchos no cabíamos ni cabremos.

Entendiendo que esa decisión estaba tomada y que la ley impedía caminar juntos en 2015, su primera elección, nos preparamos a luchar desde diferentes trincheras los que habíamos caminado unidos.

La campaña de AMLO y de MORENA iba por nuestro voto duro, le apostó a nuestra desaparición. En ese proceso no hubo mitin donde Andrés no dedicara al menos tres cuartas partes de su discurso a atacar a sus antiguos aliados, principalmente al PRD. Los que meses antes habíamos sido dignos de impulsar su candidatura y de acompañarlo en templetes, de la noche a la mañana, éramos la mafia del poder, por el gravísimo e imperdonable pecado de seguir en donde militábamos ya y no acompañarlo en su nueva estrategia.

Pese a ello, nuestra desaparición no se logra. La izquierda nacional, en aquel momento, claramente se partió casi por mitades. Algunos seguimos creyendo que el camino era la unidad e impulsamos en 2016 y 2017 que todos los partidos que nos considerábamos de izquierda camináramos juntos. Seguramente habríamos ganado importantes gubernaturas y hoy se tendría casi garantizado el triunfo presidencial. Pero de nuevo el objetivo no era la unidad sino el exterminio. Andrés, sistemáticamente se negó siquiera a platicar la posibilidad. Con nosotros ni a la esquina.

Ante ello teníamos enfrente la posibilidad de ir solos, dividir la votación y permitir que el PRI triunfara en muchas entidades y se mantuvieran algunas de las peores satrapías que han gobernado en tiempos recientes al país. Por otro lado, ante la imposibilidad de ir en un proyecto de unidad sólo de las izquierdas, la otra opción era apostar a procesos aliancistas mucho más amplios en el espectro ideológico para lograr derrotar a los gobiernos que enfrentaríamos y construir las bases de una transformación nacional.

Las dos estrategias se midieron en las urnas y los mexicanos dieron su veredicto. MORENA fue incapaz de ganar una sola elección y donde nosotros logramos construir alianzas amplias el PRI fue derrotado. Además, hoy, muchos de los gobernadores que derrotamos están en la cárcel, no por venganza sino justicia, sentando las bases para derrotar la impunidad histórica que es uno de los males endémicos de México.

Al ver el error de su estrategia, Andrés entendió que sólo no iba a ganar, pero tampoco le interesaba la unidad, buscó la subordinación y en tiempos de pragmatismo hay quienes están dispuestos a darla por parcelas de poder. Así, Andrés ha ido renunciando poco a poco al programa que alguna vez nos llevó a que fuera nuestro candidato para sumar a quienes sí están dispuestos a ir con él sin debate ni crítica siempre y cuando tengan una rebanada del pastel, llamado México, y que él reparte de manera impúdica.

Cuando en estos momentos, febrero de 2018, me dicen que la izquierda debe ir con Andrés Manuel, sin lugar a dudas la reflexión nos lleva más al plano programático que al de la obligación, casi de destino manifiesto, que nos quieren imponer. Así que enumeraré aquí algunas de las razones por las que creo que, ser de izquierda hoy, no permite caminar al lado de López Obrador.

1. Porque crecí impregnado de la cultura de luchas anteriores a la nuestra, entre ellas la de 1988, donde se dio un paso fundamental en la lucha por la democracia, esa misma que permite que hoy AMLO tenga alguna posibilidad política de ganar. Esa lucha fue arrebatada a los mexicanos y cientos de compañeros asesinados. Su sangre no se olvida. Seguramente tuvo que ver la policía política. Ambos, el fraude y la policía política, se dirigían desde la Secretaría de Gobernación que en aquel momento dirigía uno de los más cercanos al Andrés de hoy, Manuel Bartlett.

2. Porque el operador más cercano del Andrés de hoy es Alfonso Romo, uno de los principales beneficiarios del sexenio de Salinas, en que se desmanteló al país, y del fraude del FOBAPROA, uno de los más grandes en la historia de México en donde millones de mexicanos, que no merecen nuestro olvido perdieron los patrimonios construidos a lo largo de su vida. Además Romo era también operador cercano de Augusto Pinochet, uno de los sátrapas más grandes en la historia de nuestro continente, el pueblo chileno no merece nuestra amnesia, quienes cortaron la lengua de Víctor Jara no cortarán jamás la de todos nosotros.

3. Porque otro conductor del proyecto es Esteban Moctezuma, operador de primera línea del zedillismo, quien tendió una celada a la comandancia del EZLN mientras estaban en proceso de negociación. Después renunció y se fue a dirigir Fundación Azteca, desde donde se han evadido miles de millones de pesos en impuestos que podrían haber significado hospitales y escuelas para los más necesitados.

4. Porque ingresé en la izquierda luchando por la educación y no sé si me da más pánico pensar que AMLO la quiera poner en manos de Fundación Azteca vía Esteban Moctezuma o de Elba Esther Gordillo, o incluso de ambos. Además tampoco creo que se deba regresar al modelo de venta o herencia de plazas o pagar miles de maestros que no dan clases y operan como delegados sindicales para favorecer líderes rapaces.

5. Porque en esos procesos acompañé también las luchas de maestros democráticos lo suficiente para no poder creer que hoy sea ¡un honor, luchar con Elba Esther! La calidad de vida de los maestros del país y nuestros compañeros caídos como Misael Núñez Acosta no merecen ese escupitajo en la cara.

6. Porque he sido parte de decenas de luchas al lado de los trabajadores de este país como para tragarme el cuento de que Napito es un luchador social. Hemos combatido el charrismo con nuestra sangre como para que hoy ayudemos a encumbrarlo.

7. Porque como hombre de izquierda he luchado al lado de miles de campesinos como para pensar que hoy pueda apoyar que pongan a un representante de MONSANTO al frente de SAGARPA, con lo que se compromete la alimentación y soberanía alimentaria de nuestro pueblo, de llegar Andrés Manuel al poder.

8. Porque me he nutrido, aún con las críticas que hago hacia él, del movimiento feminista y he celebrado las luchas y obtención de derechos de las mujeres como para creer que hoy deban someterse a consulta. Lo mismo pasa con los compañeros de la diversidad sexual quienes mucho han avanzado para que hoy quieran empujarlos a un retroceso fingiendo que es desde la izquierda.

9. Porque en ese orden de ideas me aterra el simplemente pensar que alguien quiera imponer una Constitución Moral, he luchado toda mi vida porque la moral sea parte de un ejercicio privado y no una imposición desde el Estado, creo que éste debe ser laico y estoy dispuesto a luchar porque así sea.

10. Porque no creo en la izquierda populista y asistencialista que trata al ciudadano de manera paternal. Creo que hay que impulsar educación, mejores empleos, mejores salarios, condiciones de vida dignas y con ello nuestro pueblo tiene la grandeza para salir adelante, no necesita que le regalen dinero para comprar su conciencia.

11. Porque creo que la agenda ecológica, medioambiental, de modernización y muchas de las luchas de nueva generación no pasan siquiera por la mente de Andrés Manuel.

12. Porque creo en la libertad de expresión, de pensamiento y de prensa, mismas que son socavadas cada que puede, por el hoy candidato, en caso de llegar al poder ya da muestras claras de lo que podríamos esperar.

13. Porque he luchado contra el militarismo de estos dos sexenios, para que hoy Andrés nos diga que lo quiere hacer permanente y a su servicio con su propuesta de Guardia Nacional.

14. Porque creo que la mejor forma de que cualquier cambio trascienda es basarlo en la construcción de Instituciones permanentes, mismas que AMLO socava, apostando solamente a su persona.

15. Porque el fanatismo me repugna y aterra y es parte de lo que se viene impregnando cada día más y en mayor medida en sus seguidores. Creo que un país con un presidente autoritario e intolerante y una base social con amplio grado de fanatismo pone en peligro los avances sociales que se han consolidado por décadas.

Y podría seguir dando decenas de razones, desde la izquierda, de porque no es el camino que quiero seguir ni creo que sea un imperativo moral, ético, histórico o programático apoyarlo, pero, para los que dicen que la izquierda debe apoyar a Andrés Manuel doy una sola que resume todas las anteriores.

Porque Andrés Manuel no es de izquierda.

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