Que las encuestas ahora sí son buenas

Apenas en julio pasado, los mexicanos habían dejado de creer en las encuestas, luego de que el 65 por ciento de éstas dio un ganador equivocado o se quedaron cortas sobre la ventaja real de los candidatos, durante las elecciones realizadas para decidir gobernador en 12 estados.


Pero, ocho meses después son consideradas el mismísimo oráculo de Delfos instalado en México y los resultados publicados un día sí, y el otro también, provocan que la gente dé ya por decididos los comicios presidenciales de 2018.


Y, como en los grandes momentos del priismo, provocan cargadas de “los sectores” hacia el candidato puntero: sólo en las últimas tres semanas se unieron a AMLO un exsecretario de Gobernación priista, un exsecretario de Turismo local perredista, un exgobernador priista…


¿Por qué fueron “malas” y “cuchareadas” las encuestas de julio y son “buenas” las de febrero? Porque la sociedad es hoy más mercurial, de emociones cambiantes, características que se reflejan en las encuestas. Así que… mejor haríamos en no creerles a pie juntillas.


No olvidemos que la principal justificación de los encuestadores, tras su fracaso en las elecciones pasadas, fue la “resistencia de la población a ser encuestada”: es decir, que la gente no responde o, cuando responde, no dice en realidad por quién votará.


Es un fenómeno mundial. Las encuestas erraron en las pasadas elecciones de Estados Unidos, donde daban el triunfo a Hillary Clinton sobre Trump. Los pronósticos parecían tan seguros que los votantes de ella se quedaron en casa: daban por hecho que tenía tantos votos que ya no necesitaba el suyo.


También se equivocaron en Colombia, donde indicaban que arrasaría el SÍ en el referéndum para avalar los acuerdos de paz; un 62 por ciento de los encuestados votaría a favor y 34 por ciento en contra. Sin embargo, al final se impuso el NO por un 50.2 por ciento de los votos.


Las encuestas tampoco acertaron en el plebiscito conocido como Brexit en Reino Unido, donde el mismo día de la elección una gran encuesta daba 10 puntos de ventaja al NO para que el país permaneciera dentro de la Unión Europea.


Contra todos los pronósticos, 17 millones 410 mil 742 votos fueron a favor de que Reino Unido saliera de la UE y 16 millones 577 mil 342 en contra. Al día siguiente, Nigel Farage, activista por el Brexit, dijo: “Fue un error. Nuestras promesas fueron siempre una serie de posibilidades”.


Aquí, las pasadas elecciones resultaron también un descalabro para las encuestas: al cierre de casillas fueron desacertados siete de cada diez sondeos a boca de urna. ¿Por qué entonces hay que creerles sin miramientos ahora?


Porque los encuestadores son los mismos, eh.



Este artículo fue publicado en La Razón el 16 de febrero de 2017, agradecemos a Rubén Cortés su autorización para publicarlo en nuestra página.

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