Estado y burocracia son sinónimo de un México enfermo de un cáncer que ya hizo metástasis en empleados de gobierno que, en sus creencias, poseen las instituciones públicas y las ponen a su servicio, ocasionando enormes costos al país como en el más reciente golpe a la libertad de expresión.
México es un país que vive en un proceso sexenal de cambio, acorde con las ideas e intereses del grupo gobernante del momento, con acciones llenas de determinismo en cadenas de causas y consecuencias, que mucho daño le ha hecho a nuestra historia.
El pasado 20 de agosto pasará a los libros como el día que el gobierno consagró su verticalidad sistémica al vetar a Nexos, y castigándolo por ser un crítico social y cultural de México. Un hecho que se envuelve en intolerancia y hostilidad contra los medios que no se convencen de que lo que estamos viviendo no es sano para nadie, y que el autoritarismo no es análogo de verdad.

Este ataque político se suma a la creciente lista de sectores como el energético y el de telecomunicaciones, que como el informativo, están viviendo una infinidad de malas decisiones tomadas por un gobierno, que a la fecha, ha demostrado que no sabe cómo conducir al país, y que representa “una señal más de la intolerancia oficial a la crítica, al pensamiento distinto, a la diversidad de opiniones, en última instancia, a la libertad de expresión”, como bien lo señaló Nexos en un comunicado de prensa.
Octavio Paz en su obra El ogro filantrópico narra cómo muchos escritores han querido ser evangelistas y terminan por abjurar, “sin embargo, unos cuantos, decididos a ir hasta el fin, acaban sentados en el palco de la tribuna donde los tiranos y los verdugos contemplan los desfiles y procesiones del ritual revolucionario”.
De vuelta al laberinto
La prensa mexicana está clara que la independencia de los medios tiene el poder de transformación de la sociedad e insiste en llegar hasta las últimas consecuencias por defender la libertad de expresión como un factor de cambio.
Sin embargo, la titular de la Secretaría de la Función Pública, Irma Eréndira Sandoval, señaló en su cuenta de Twitter: “Nos insultan por hacer cumplir la ley. El documento que falsificó Nexos fue un comprobante del Infonavit para ocultar sus deudas en aportaciones patronales. No es aceptable que falsificando y defraudando derechos de sus trabajadores se enriquezcan con adjudicaciones directas”. Así el ogro decide dejar de ser filantrópico y que “los editores de Nexos han sido de los más férreos propulsores y defensores del Estado mínimo. Hoy pueden seguir publicando libremente sus ideas sin depender del financiamiento del Estado”.
Hoy, después de 41 años de que Octavio Paz nos regalara El ogro filantrópico, la tecnología nos da voz mediante la conectividad, y la libertad a los medios de comunicación para la expresión de enérgicas voces que nos llaman a la transformación social.
Como sociedad nos queda solidarizarnos no sólo de palabra sino de hechos a favor de Nexos, esperando que su caso no sea punta de lanza de un gobierno enfilado hacia la dictadura.

