Reporte desde el desencanto y la esperanza

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En esa suerte de microuniverso que es un acto de campaña electoral se pueden apreciar diversos fenómenos y prácticas políticas en los que se revelan muchos aspectos no sólo de los candidatos, sino de los partidos, sus seguidores y los ciudadanos, de sus realidades y de sus perspectivas.

Con ese ánimo etcétera se propuso acompañar a la candidata de Juntos Hacemos Historia en el Estado de México, Delfina Gómez, por lo cual al inicio de la campaña durante una semana hicimos esfuerzos por ser incluidos en una de sus giras. Primero se intentó con una persona cercana al equipo de la candidata, y después con una amable integrante de su equipo de prensa, quien, ante la insistencia, quedó de comunicarse “con muchísimo gusto”. En un último mensaje por WhatsApp se le solicitó, sencillamente, la agenda de la maestra; ya no hubo respuesta.

En el interín de esa semana de solicitudes, etcétera publicó que Delfina incurrió en plagio en su tesis de maestría presentada en el Tec de Monterrey. Muy probablemente de allí proceda la falta de respuesta a la solicitud. El viejo desprecio a la prensa no adicta.

Tras el fallido trámite, acudimos al mitin que se realizó el domingo 9 de abril en la plaza principal de Xonacatlán, un poblado cercano a Toluca. En marzo, ese municipio alcanzó cierta notoriedad porque allí se elaboran los muñecos del presidente y de la candidata, en una fábrica que es propiedad de Alfredo González González, su presidente municipal y militante de Morena. Por ese negocio, que a la vez es propaganda política, llamado “genialidad espontánea del pueblo mexiquense” por el inefable diputado Eurípides Flores ante el Consejo General del INE, este organismo ha iniciado una investigación.

Por supuesto, los representantes de Morena justificaron ese negocio de propaganda política con apelaciones a la libertad de expresión y a que, con su elaboración y venta, los trabajadores de la fábrica del alcalde morenista llevan el pan a sus familias. Típica excusa populista de actos conspicuamente sospechosos.

Xonacatlán ha sido disputado intensamente en las elecciones recientes: en la elección de gobernador de 2017, Morena superó por apenas 70 votos al PRI, mientras que en la de presidente municipal de 2021 le dobló la votación, mientras que el segundo lugar fue para Movimiento Ciudadano, lo que lo hace un espacio para pelear los sufragios que dejó al garete.

A las 11:30, hora en la que estaba anunciado el acto, había muy poca gente y la gran mayoría de las sillas permanecían desocupadas. La pequeña plaza ha sido organizada de forma similar a los mítines de López Obrador en el Zócalo: con vallas metálicas se separa a los asistentes, y en la parte delantera, frente y cerca del templete, hay un corral VIP, desde donde unos escogidos verán y escucharán a la ungida. En esta campaña también se reconoce que hay algunos que son más iguales que otros.

Cerca ya del mediodía empezaron a hacer su aparición las fuerzas vivas que apoyan a Gómez Álvarez y que integraron el grueso de la asistencia: entre los primeros, un par de viejos que mostraban sus banderas de la UPREZ, y una veintena de morenistas, con camisetas y gorras con sus colores y leyendas. Posteriormente llegarían muchos más de color guinda.

De manera más espectacular llegó el contingente del Partido Verde, unas 50 personas ataviadas con el color de esa organización, pero con numerosas banderas y porras. Es una organización chapulín: en las tres elecciones a gobernador anteriores apoyó a los candidatos del PRI, mientras que en 1999 se alió con el PAN. Ahora reclama, con mucho oportunismo, su lugar en la coalición obradorista.

Sólo hubo un grupo mayor al del Verde: el de Morena procedente de Temoaya, que destacó por sus porras al senador Higinio Martínez, líder del Grupo de Acción Política, origen político de Delfina, quien también estuvo entre los aspirantes a la candidatura de su partido. Tras su frustrada intentona de repetir como candidato a la gubernatura del Edomex, por segunda ocasión consecutiva no le quedó más que integrarse en el equipo de campaña. Esto es parte del costo que ha tenido que tributar por un desacuerdo que tuvo con López Obrador: manifestar su apoyo a la construcción del aeropuerto en Texcoco. Esas disidencias se cobran y se pagan.

La candidata y su comitiva llegaron a la plaza principal de Xonacatlán cerca de las 13:30, dos horas después de la cita y para cuando ya debería estar iniciando en el siguiente mitin en Jilotzingo, según lo programado. Después de las vacuas intervenciones de Higinio Martínez y Mario Delgado (no hubo un orador local que expusiera las demandas del municipio para que la candidata las escuchara), habló la maestra Delfina, quien inició informando que ella está “superrequetebién” para, a continuación, desgranar generalidades.

En su discurso, la candidata no se refirió a ningún problema que hubiera diagnosticado en Xonacatlán y para el cual tuviera alguna propuesta. Se refirió a una mayor coordinación en seguridad, a mejorar la calidad del gobierno, más inversión en educación, apoyos para el campo, cuidar el agua, quitar la corrupción y hasta proteger a los animales porque hay mucho perro callejero; dijo que “una nación que no cuida, no protege y no atiende y le da derecho a los animalitos, es una nación que tiene problemas de respeto a ellos”.

Ante las múltiples denuncias que se han hecho contra ella, la maestra habló —como antes Higinio y Delgado— de no perder el tiempo con “tanta difamación” porque “hay cosas más importantes”. Las anomalías y los delitos de los que se le acusa, no aclarados hasta hoy, son una inquietud muy presente: no en balde, una cumbia de su campaña fue repetida infinidad de veces antes del acto: “Delfina sabe transformar/ Delfina es honestidad/ Sí cumple promesas”.

Como respuesta a las acusaciones que debe aclarar, en su discurso la maestra, a falta de explicaciones, ofreció sentimientos: “Frente al odio de los conservadores, tiene que haber el amor de los transformadores, y esos somos nosotros”. Y concluyó con una consigna antigua, aunque retocada: “Ya llegó, ya está aquí, la que va a sacar al PRI”. Ya ni siquiera conservó el original “chingar” de los antiguos movimientos de izquierda.

Al término del mitin, en una plaza que muy pronto casi se vació, nos acercamos a conversar con un asistente al acto, un viejo y humilde bicitaxista que adujo añeja militancia en la izquierda, que expresó su desencanto y su esperanza: “Esperemos que sí sea un cambio verdadero, porque el señor López Obrador agarró ¿y qué dijo? Que iba a bajar la gasolina, y ya ves, se fue pa’rriba. En nada nos ha apoyado hasta ahorita. Esperemos que esta señora sí sea el cambio, porque, la verdad, ya estamos cansados. Aquí gobierna Morena, pero igual: se le ha apoyado al señor presidente, pero no nos apoya en nada. Pero esperemos que ella sí cumpla”.

Acerca de la otra opción, afirmó que “el PRI siempre ha robado. Sí nos ha dado trabajo, porque sí lo hemos tenido, pero nos ha robado demasiado”.

Así transitará esta campaña: entre un desencanto muy real y una esperanza etérea.

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