Hábil, instruido, echado para adelante como es, quizá un día Ricardo Anaya demuestre que son infamias las relaciones con cifras millonarias de dinero que le son vinculadas a menudo, aunque nunca ha podido negar que es un hombre adinerado, con negocios, próspero.
Pero ¿por qué iba a negar su dinero, o podido volar por años semanalmente a visitar a sus hijos al High Meadows School de Atlanta? Hombre: vivimos en una sociedad donde el capital es básico como generador de riqueza, y en la distribución de los recursos a través de los mecanismos del libre mercado.
El problema del líder del PAN es que se equivocó en su aspiración a ser presidente de México, al escoger la misma estrategia de AMLO: presentarse como poseedor de una honestidad imposible, vendiéndola como única e inmaculada.
Recargó las tintas en un millón de spots sobre un México manchado por la corrupción, necesitado de cambiar el rumbo y urgido de meter corruptos a la cárcel: “¡Y que nadie nos diga que no se puede, claro que podemos!”
Por sentirse halagado en la aprobación de la gente, de atacar y destruir desde la oposición, de pedir cabezas, terminó por caer en la trampa de quienes pretenden satanizar al dinero como algo sucio y corrupto, olvidando que lo único indeseable del dinero es que sea mal habido.
Por eso sus adversarios lo tienen hoy donde querían: contando su dinero en la plaza pública. Ayer pasó el día en un road show explicando la procedencia de inmuebles por 308 millones de pesos, que acumularon Anaya y su familia en el tiempo en que él se ha dedicado a la política.
Fue a raíz de una publicación en El Universal:
“En los últimos 14 años y de la mano del presidente del PAN, Ricardo Anaya Cortés, su familia política, que encabezan sus suegros, Donino Ángel Martínez Diez y Maribel Natalia Franco, logró ampliar un imperio inmobiliario, al pasar de cuatro a 17 empresas e incrementar de seis inmuebles, que tenían un valor de 21.9 millones de pesos, a 33 con un valor aproximado de alrededor de 308 millones de pesos, un crecimiento de mil 304% sólo en propiedades”.
Anaya insistió ayer en que esto es una vendetta por negarse a negociar la designación del Fiscal General y denunció que hasta está amenazado. Algo parecido dijo al ser difundidos sus gastos en Atlanta: 44 mil dólares en pasajes de avión, 42 mil de renta y 48 mil en colegiaturas.
Pero Anaya no debe explicaciones si su dinero es limpio. Sin embargo, algo esencial le faltó aclarar ayer en su road show: ¿quién lo amenazó por negarse a negociar la designación del fiscal?
Por eso… eso sí tiene que explicarlo.
Este artículo fue publicado en La Razón el 24 de agosto de 2017, agradecemos a Rubén Cortés su autorización para publicarlo en nuestra página.
