Rina, bailarina y tiple

Durante mi infancia, antes de recitar a Cri Cri, aprendí “Paloma errante”, la canción ranchera interpretada por Vicente Fernández en la película Uno y medio contra el mundo estrenada en el cine “Mariscala” en 1973.

Aún recuerdo el camino por San Juan de Letrán rumbo al Callejón de la Amargura. Estaba conmovido: había visto a un niño que en realidad era niña y que, con el decurso del tiempo, se transformó en una silueta vestal a quien nombraron “Chava”. Luego unos salvajes la navajearon cuando besaba a Vicente Fernandez, “Lauro”, a quien también mataron. 

mostbet mostbet pinup mostbet mostbet pinup pinup

Supe de “Chava” poco después. La vi con su lauta sonrisa y su pelo negro. Su voz era ronca pero tenía la intensidad de antaño. Estaba jorobada y se llamaba “Rina”. No cumplía aún los treinta años aunque en el libreto televisado era mucho más joven y, sobre todo, era pobre. Era, porque Leopoldo -un anciano agrio caracterizado por Carlos Ancira- la hizo su esposa para no heredar a la codiciosa “Rafaela” (María Rubio), mamá de “Carlos Augusto” (Enrique Álvarez Félix) de quien se enamoró “Rina”, siendo viuda y millonaria. El desenlace es tan viejo como un chiste de Pepito. Volví a ver a “Rina” diez años después, convertida en “Frida” en una cinta multipremiada en 1983, dirigida por Paul Leduc. 

En 2000 hubo otro cruce con ella, una cincuentona de melena negra con hilos de plata que seguía apoyando al EZLN. A pesar de mi desacuerdo, admiré su rebelión a la uniformidad que Televisa pedía a su elenco para favorecer al PRI. Veintitrés años después la ubiqué en el pasado y descubrí que había sido tiple nada más que con el nombre de Ofelia Medina. 

Tengo cuatro fuentes. Una es “Alta frivolidad”, el libro de Margo Su, dueña del teatro Margo inaugurado en 1950, que diez años después demolió para abrir el Blanquita. Otra es un cartel que anuncia a Ofelia Medina junto a María Luisa Landín y la Sonora Santanera, en 1975. La tercera fuente es la contraportada del semanario Vedettes y deportes del 26 de enero de 1976 donde hay dos imágenes de la actriz. De la cintura para arriba con un vestido de novia y de la cintura para abajo con calzón y liguero. Así imagino su presentación en el Blanquita. 

Las Dolly Sisters -réplicas de las bailarinas gemelas de principios del siglo XX- dejan el escenario entre palmas mientras Pérez Prado afina las hilarantes piezas que ejecutó en los 50. De pronto, el maestro de ceremonias la anuncia y ella, deliciosa en sus 25 años, bambolea un vestido cerúleo ajustado. Tiene la sonrisa perlada y mueve las manos como hilando un tejido de su natal Méridal. “Su encanto es incomparable”, escribe Margo, “interpreta los mambos a partir de las entrañas, le pone fuerza, cachondería y elegancia al mismo tiempo y llegan los intelectuales al Blanquis para ver qué estamos haciendo”. El vaivén de las piernas remarca su perfil sinuoso y fuerte. Dibuja a una hurí para festejar a condición de que seamos cuidadosos porque podría desvanecerse como un sueño. Por eso hay que describirla sin rozarla siquiera: “Mambo, qué rico mambo/Mambo, qué rico él, él, él”. Mi cuarta fuente es el vinilo “Toda una vida”. Lo produjo Miguel Alemán Velasco en 1986. En la portada luce trenzas, rebozo color de rosa y vestido de china poblana en zapatillas de ballet. Tiene el cuello largo y, como siempre, la sonrisa plena. Canta couples como los ángeles, igual que las tiples de los años 20:

Ay, ay, ay, ay, mi querido capitán
Ay, ay, ay, ay, mi querido capitán

Todas las tiples guapas a mí
me llaman mi querido capitán
desde la Mayengoitia, la Mimi Derba y
la Grifell.

Ofelia Medina es una de las huríes que exaltaron la actuación. Mientras Vicente Fernández rechazó un trasplante de hígado si proviniera de un homosexual, ella además defendió los derechos humanos y la nación pluricultural y pluriétnica. 

Este libro estaba a punto de entregarse para ser corregido cuando ocurrió el último referente que tuve de la actriz quien, con el nombre de Julia, viajó de los años 60 al futuro y fue rectora de la UNAM, un hecho que hasta ahora no ha sucedido. La película es “Nuestros tiempos” (2025) y tuvo como protagonistas a Lucero y Beny Ibarra. A los 75 años tiene el candor de “Chava”, la ternura de “Rina” y el carácter de “Frida”. Entre ellas tres, Ofelia Medina conserva la misma sonrisa. Por ello es un gusto viajar a los 60 para mirar su baile en el Blanquita, aunque deba hacerse casi en silencio porque un mambo nos podría despertar.

Autor

Scroll al inicio