Aun cuando en cada inauguración su presencia e imagen busquen asociarlo directamente con tales logros (hasta mantas de agradecimiento le ponen), nada está más lejano a la responsabilidad cotidiana del Presidente Peña Nieto que supervisar las grandes obras de infraestructura, orgullosamente emprendidas durante su administración.
Técnicamente, ni el Presidente ni su Secretario de Comunicaciones y Transportes trabajan con planos estructurales, densidades de concreto o drenajes. Políticamente sí.
El socavón se convirtió, innecesariamente, en pretexto para golpear a Enrique Peña Nieto. Memes, columnas, cartones y evidentemente AMLO no perdonan algo así. De nuevo emerge la idea de corrupción, de anomalías que, aún sin demostrarse, socavan a uno de los tres poderes del Estado mexicano.
El asunto se agrava cuando el titular de la SCT dice: “Yo estoy a las órdenes de mi jefe que es quien me designó, y es mi jefe quién debe decidir si le sirvo o no al gobierno. Yo asumo mi responsabilidad; si hay alguna responsabilidad, la asumiré”.
Hasta hoy Ruiz Esparza no asume nada. Doble chamba para su jefe, (como si le faltara) y mitad de efectividad de quien, en vez de resolverle, añade tareas para su superior.
Ruiz Esparza tiene reflejos de superviviente. Presume 48 años de servidor público. Habla de miles de obras que se desarrollan día con día, de licitaciones y asignaciones que por montones realiza su dependencia cotidianamente; cree matizar la situación explicando que, en otros lugares, la lluvia, la basura y los drenajes tapados destruyen por igual.
Hoy el titular de la SCT pide tantita paciencia. Cuernavaca vive un caos vial generalizado. Dos años de penurias por la ampliación de la vieja autopista alcanzaron para tres meses.
El fin de semana casi 30 por ciento de las reservaciones hoteleras para Acapulco fueron canceladas debido al cierre del Paso Exprés. Jorge Laurel González, dirigente de los hoteleros del puerto, reconoció que, aun cuando oficialmente no ha comenzado el período vacacional de verano, el problema del socavón definitivamente sí pegó en la ocupación.
Muchos turistas, dijo, no quisieron arriesgarse a quedar atrapados durante horas en el tráfico para cruzar por Cuernavaca.
Representantes de las familias Mena Romero y Mena Ruiz rechazaron lo que en principio Ruiz Esparza dibujaba como una generosa ayuda para paliar su tragedia, que adicional a los 500 mil pesos del seguro de carretera la constructora aportaría otro tanto. No lo aceptan.
Tampoco queda claro si hubo negligencia y de quién en las tardías tareas de rescate del padre e hijo que murieron poco a poco, por asfixia, enterrados en el socavón.
El Presidente Peña Nieto necesita un dique de contención para que esa falla constructiva no socave su imagen y su especialista para ello es Gerardo Ruiz Esparza, quien no necesita concreto ni varilla, sólo una renuncia; responsable, tardía, pero útil todavía.
Este artículo fue publicado en La Razón el 18 de julio de 2017, agradecemos a Carlos Urdiales su autorización para publicarlo en nuestra página.

