Un peligroso y escurridizo criminal está por ser extraditado a Estados Unidos para que enfrente a la justicia del país que lo reclama en cortes de Nueva York, Chicago, Texas y Washington.
Otro criminal, peligroso y multimillonario también, regresó a México luego de haber pactado y purgado una condena de 8 años de prisión en una cárcel de máxima seguridad, pero sin haber tocado su enorme infraestructura financiera. Ni allá, ni aquí.
Joaquín Guzmán Loera y Héctor Palma Salazar han compartido negocios, persecuciones, prisión y enemigos. Ambos han sido, en su momento y circunstancia, cabezas del cártel más poderoso de la droga en México, el de Sinaloa; ambos son herederos de Miguel Ángel Félix Gallardo, ambos han sido enemigos jurados de los hermanos Arellano Félix, de Tijuana.
Hoy el destino y los caprichos de la impartición de justicia en el país hacen que sus caminos se vuelvan a cruzar, uno está de vuelta y el otro está por partir. Dicen que El Güero Palma ha perdido dientes, peso y cordura por su riguroso internamiento en Estados Unidos, otros afirman que la cordura nunca lo acompañó.
Hombre que según la ficha mexicana es “insensible al reproche social, de alta capacidad criminal y de baja readaptación social”.
Palma Salazar regresa sin conocer si la PGR tiene cargos formales para recluirlo aquí. Ignoramos qué ha sido de la fortuna de este sujeto de 56 años de edad, la cual se estima en mil millones de dólares.
Quizá dentro de algunos años El Chapo Guzmán regrese a México con menos kilos y dientes, vivo y con sus millones intactos. A menos que alguien se atreva a confiscar esa mal habida fortuna.
Se van los microbuses, pero no los malos modos
El gobierno de la CDMX espera financiamiento de organismos mundiales para renovar la flota de transporte público terrestre; destacan los microbuses, cajas rodantes sin tecnología que en su momento fueron la creativa y oficial respuesta a las necesidades de rutas de proximidad.
Los micros se chatarrizan, es decir se destruyen ante su nula utilidad y alto impacto ambiental. La idea es suplir estas unidades por otras más seguras, cómodas y menos contaminantes.
Menudo reto es encontrar las líneas de financiamiento, el diseño de créditos (uno más), la implementación a éstos blindándolos del pulpo microbusero, sus líderes y caciques, pero acaso los más importantes sean la capacitación y el censo de los conductores de transporte público concesionado en la capital del país.
De poco servirán esfuerzos y endeudamientos públicos si no ocurre la capacitación más compleja, la de los choferes. Ésa es la madre de todas las verificaciones y de todas las renovaciones.
Paradas en doble y triple filas, esquema de negocio hombre-camión, a más pasaje más ganancia, y por lo mismo la anarquía vial más impune de esta ciudad.
Este artículo fue publicado en La Razón el 16 de junio de 2016, agradecemos a Carlos Urdiales su autorización para publicarlo en nuestra página.
