El envenenamiento por consumo de metanol es un grave problema para la salud pública a nivel internacional. Si bien las causas que conducen a la beber este alcohol industrial que no es para consumo humano, son diversas, los efectos son los mismos: muerte, ceguera, daño a órganos vitales, discapacidad de por vida, etcétera. El problema se ha presentado tanto en países desarrollados como en desarrollo en contextos diversos, por lo que la Organización Mundial de la Salud (OMS) considera imperioso que las autoridades de salud y los gobiernos desarrollen acciones más enérgicas contra los responsables de emplear metanol en bebidas adulteradas, por ejemplo, o que la población bebe por la difusión de leyendas urbanas y noticias falsas.
En el caso de las bebidas adulteradas, esta es quizá la principal razón por la que se emplea metanol de manera ilegal, haciéndolo pasar como apto para el consumo humano. La lista de naciones que han experimentado problemas de salud pública por la ingesta de metanol es amplísima e incluye numerosos casos en India -donde prácticamente cada año hay noticias sobre muertes por envenenamiento a causa de la sustancia-; El Salvador, Costa Rica, República Checa, Rusia, Malasia, Noruega, Filipinas, Serbia, España, Turquía y por supuesto, México, entre otros muchos países.
Un denominador común es el precio de las bebidas alcohólicas y, especialmente, los impuestos que los países les aplican, ello como parte de la estrategia favorecida por la propia OMS; para desalentar su consumo y, además, generar recursos para la atención de los padecimientos que se producen por el consumo de estas bebidas. Empero, un efecto colateral de las cargas tributarias al alcohol es que ello favorece el contrabando y la falsificación, incluyendo la adulteración de los productos con sustancias tóxicas para las personas dado que los consumidores quieren gastar menos. En América Latina, México tiene la proporción más alta de bebidas alcohólicas adulteradas o ilegales (superior al 40 por ciento). Los consumidores suelen ser personas que carecen de la información sobre las consecuencias de ingerir bebidas adulteradas. Hay otras, por supuesto, que lo toman como un desafío personal, animadas por información que encuentran en redes sociales, como la peligrosa práctica de tomar especialmente vodka por el globo ocular, creyendo que ello acelerará el proceso de embriaguez, cuando la realidad es que este “reto” también llamada vodka eyeballing o boz kai ball produce lesiones oculares graves, incluyendo úlceras, infecciones, irritación severa y en muchos casos, ceguera. Asimismo, el efecto de embriaguez que se esperaría tener con esta práctica no es tal debido a que la córnea es demasiado pequeña como para contribuir a la sensación de intoxicación que el consumo directo “tradicional” genera.
Más grave que lo anteriormente reseñado es lo sucedido en El Salvador en el año 2000. En ese país, la muerte de 122 personas que bebieron productos adulterados con metanol se considera que fue una acción deliberada tipo “limpieza social” dirigida contra las personas que tomaban alcohol de baja calidad y que en su mayoría eran individuos sin hogar, vagabundos, marginados, etcétera.
La principal diferencia entre el metanol y el etanol es su toxicidad y origen: el etanol es el alcohol de bebidas y desinfectantes (seguro en dosis moderadas), mientras que el metanol es un alcohol industrial altamente tóxico que puede causar ceguera o muerte al ingerirse. Mientras que el etanol es un producto que el hígado metaboliza con relativa seguridad -siempre que no sea en exceso-, el metanol es venenoso, puesto que es un solvente industrial, anticongelante y combustible.
En las bebidas alcohólicas, el etanol aparece por la fermentación del azúcar por parte de las levaduras. Ahora, como las levaduras no pueden vivir si la concentración de etanol es alta, la fermentación “natural” resultante tiene un grado máximo de alcohol del 16 por ciento. Así las bebidas con mayor contenido de alcohol se obtienen por destilación del líquido se logra mediante la destilación, aunque claro, los costos son altos si lo que se quiere elaborar son bebidas como el vodka, el tequila, el mezcal, la ginebra, el whisky o el ron. Se puede hacer una destilación casera en alambiques pequeños y la inversión sería de unos 150-300 dólares. En cambio, si lo que se quiere producir son bebidas como las descritas en grandes cantidades -que es lo que normalmente hacen los falsificadores y adulteradores- la inversión en alambiques de cobre o de acero inoxidable rondaría los 5 mil, 20 mil y, en algunos casos, hasta 100 mil dólares. Por lo tanto, estas personas sin escrúpulos optan por agregar metanol que es mucho más barato y que se puede conseguir fácilmente, pero que podría tener consecuencias fatales para las personas.
El etanol y el metanol son muy similares en apariencia y en olor y, por lo tanto, no se puede saber, al ingerir una bebida alcohólica, si contiene cantidades peligrosas de metanol, ya sea por adulteración o por una destilación de baja calidad. Además, los efectos iniciales son parecidos. Sin embargo, entre 10 y 30 horas tras la ingesta de metanol, aparecen los síntomas causados por los niveles tóxicos de ácido fórmico y formiatos: visión borrosa o pérdida total de visión, insuficiencia renal, acidosis y, si la dosis es elevada, muerte por fallo respiratorio.
Durante la pandemia provocada por el SARS-CoV2, responsable de producir la enfermedad conocida como COVID-19, se produjo una lamentable situación de envenenamiento colectivo en Irán, donde se combinaron la falta de comunicación de riesgos sanitarios por parte de las autoridades, la desinformación y leyendas urbanas entre la población y, naturalmente, la desesperación al presenciar los iraníes la muerte de familiares, seres queridos y conocidos por una enfermedad sobre la que se sabía poco.
En este caso, cuando la enfermedad irrumpió en la sociedad iraní, la demanda de mascarillas o barbijos, de instrumental médico y otros insumos, comenzaron a escasear dado que la demanda superaba con creces a la oferta. Esto llevó a que las personas buscaran la adquisición de etanol -por ejemplo, para limpiar sus manos y desinfectarlas. Los profesionales de la salud en el país persa enfatizaban el lavado de manos con agua y jabón como la mejor medida, pero la atribulada población volvió los ojos a algo que pensó que le ayudaría a no enfermarse o a recuperarse en medio de la crisis sanitaria. Desafortunadamente, personas sin escrúpulos ni ética, cambiaron las etiquetas de metanol para venderlo como etanol.
En Irán, por razones religiosas y, en general en los países donde se profesa el islam el consumo de alcohol se prohíbe, por lo que es común la ingesta de alcohol adulterado, especialmente con metanol, misma que se ha incrementado, especialmente entre los jóvenes. En el arranque de la pandemia -marzo-abril de 2020-, diversos estafadores en Irán difundieron la información de que el alcohol podía matar al virus, no sólo si se le aplicaba en las manos, sino, especialmente, si ingresaba al cuerpo bebiéndolo directamente. Asimismo, los estafadores re etiquetaban el metanol con nombres de marcas de alcohol conocidas, y los consumidores, ignorando la naturaleza del alcohol que se les ofertaba, lo comprobaban dado que era barato.
Así, mientras se desarrollaba la crisis sanitaria por el SARS-CoV2, surgió otra que llevó a que los escasos recursos hospitalarios, médicos y demás, se emplearan para tratar de salvar a las personas envenenadas por el consumo de metanol. De hecho, todas las provincias iraníes reportaron casos de envenenamiento por metanol y en 26 de las 31 provincias hubo víctimas fatales en cifras que probaron ser las más altas del mundo comparativamente, en años recientes. En algunas provincias, las muertes por consumo de metanol superaron a las defunciones causadas por COVID-19. Se calcula que en esos dos meses se presentaron 6 150 casos y 850 defunciones.
¿Qué lecciones arroja esta experiencia? Primero, las defunciones por ingesta de metanol en Irán fueron altas debido al estigma social y a consideraciones culturales. Desde 1925, cuando se formó el Irán moderno, el consumo de alcohol fue prohibido. Sin embargo, fue tras el triunfo de la revolución islámica de 1979, cuando se estableció que las bebidas alcohólicas eran impuras y contrarias a la moral islámica y si una persona era encontrada consumiendo alcohol, las penalizaciones incluirían latigazos y prisión.
Debido a ello, muchos de quienes se intoxicaron con el consumo de metanol durante la pandemia, con esa carga religiosa y cultural de por medio, decidieron no acudir a los hospitales para evitar las sanciones que enfrentarían. El sentimiento de culpa, sumado al estigma social fue importante para que no buscaran ayuda médica. También hay problemas educativos inmersos: muchas personas no conocen las diferencias entre el etanol y el metanol. Por otra parte, las autoridades iraníes no han desarrollado campañas informativas, porque consideran que ello podría alentar el consumo de alcohol en el país. En Irán no ha sido posible tener una discusión abierta, con fundamentos médicos, sanitarios y, en general, científicos, cobre el consumo de alcohol.
Este suceso también es una lección para el mundo. La OMS periódicamente exhorta a sus miembros a desarrollar campañas para la prevención de las adicciones y a impulsar la rehabilitación de quienes las padecen. El consumo de alcohol es perjudicial para la salud y lo es más cuando se ingiere en grandes cantidades. Más grave es que, debido a la ausencia de políticas educativas claras, muchas personas desconocen los peligros de comprar “alcohol barato” para beberlo, cuando, en la inmensa mayoría de los casos, se trata de un producto cuya graduación ha sido incrementada al agregarle metanol.
En México, también durante la más reciente pandemia, se presentaron casos de envenenamiento por consumo de bebidas adulteradas con metanol en los estados de Puebla, Jalisco, Morelos y Yucatán. Las personas fallecidas o que sufrieron consecuencias muy graves, consumieron destilados de agave y rones adulterados con metanol. Obviamente los envenenamientos no se circunscriben a la época de la pandemia, dado que esta emergencia de salud pública es global y ha ocurrido -y lo sigue haciendo- en distintos momentos.
La Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (COFEPRIS), nacida en 2001, es la entidad responsable de actuar en situaciones como las descritas, difundiendo igualmente información a la población para evitar desafortunados hechos como los descritos. La COFEPRIS, por ejemplo, encontró que un aguardiente de caña llamado El chorrito contenía metanol y se le asoció con intoxicaciones de diversa gravedad en el país.
Por supuesto que el problema tiene otras aristas que las autoridades nacionales deberían considerar. En octubre de 2025, el gobierno del Reino Unido dio a conocer una alerta a sus connacionales que visitan México, debido a la intoxicación que algunos de ellos experimentaron por la ingesta de bebidas alcohólicas adulteradas con metanol. Este tipo de alertas sanitarias revelan que las personas afectadas van más allá de la población mexicana, lo que coadyuva a una mala imagen del país en el mundo. No es el único país señalado por presentar este problema. Las autoridades de Londres han emitido alertas de viaje similares respecto al alcohol adulterado en Kenia, Rusia, Ecuador, Japón -sí Japón-, Nigeria, Uganda, y Perú.
¿Cómo combatir este desafío de salud pública? El consumo de alcohol es un problema complejo que debe involucrar no sólo medidas para castigar, sino enfoques más sociales y psicológicos, incluyendo ciertamente los de salud mental. Adicionalmente, la incredulidad de las personas en torno a las autoridades sanitarias debe ser combatida con la alfabetización en salud, de manera que la población valore la importancia de recomendaciones tan importantes como revisar etiquetados y envasados, verificar qué toman, dónde lo toman y dónde lo compran. Aumentar el precio de las bebidas alcohólicas para elevar la recaudación fiscal no ha sido una medida exitosa para desincentivar el consumo de alcohol y las personas han vuelto los ojos a bebidas adulteradas por ser éstas más económicas. También es importante que las autoridades establezcan mecanismos eficientes de comunicación de riesgos sanitarios y que promuevan la verificación de la mala información y desinformación que suele proliferar en redes sociales. Las autoridades responsables de verificar el acceso a la información, deberían tener capacidades más robustas de fack checking. La salud sólo se aprecia en ausencia. De ahí que sea importantísimo impulsar una cultura de prevención, dado que, como se ha visto, el costo social y económico de las enfermedades y emergencias sanitarias es mayúsculo y toca lo más valioso que es la vida misma.

