Sólo Enrique Peña Nieto jerarquiza sus premisas para apuntar y ungir. Cálculos informados asumen que la primera es ser competitivo electoralmente. ¿Qué factores determinan tal cualidad?
Entre otros, proyectar liderazgo, imagen de autoridad por conocimientos adquiridos, generar confianza y vender futuro, ilusiones a jóvenes y pobres, a empresarios e informales, darles incentivos a todos, alternar el vigor con la ecuanimidad y, además, algo de encanto mediático.
A quién Peña escoja no tiene que dominar todos los escenarios: suficiente será que destaque en alguno. Nadie exenta flaquezas en ciertos temas o determinados ambientes. AMLO con sus simplezas técnico-económicas, Calderón con una guerra sin aliados o el propio Peña Nieto cuando improvisa.
Segunda premisa. Un candidato poseedor de los talentos esenciales que el Presidente considere para que, luego de vencer (si lo logra), consolide las reformas estructurales sello de su gestión. Profundizarlas para que su implementación integral rinda los frutos prometidos.
Incorporar a la agenda del Estado la impostergable revolución ética de la función pública. Sin dogmas moralinos, con técnica administrativa y política, echando mano de más justicia y menos gracia.
Premisas para los ejes que marcarán las campañas; combate a la corrupción y a la impunidad, el defectuoso nuevo sistema penal, policías chafas, estafas maestras o aprendices, empresas fantasma u offshore, gobernadores sin contención, partidos morralla, negocios privados con dinero público, descrédito infinito de legisladores onerosos, mañosos y payasos. Malas famas que abrazan todo aquello que la sociedad percibe como “el gobierno”.
Política y técnica económica se entrelazan sí o sí, la pobreza se combate con salud financiera nacional, los programas sociales solo son cuando hay presupuesto, la deuda se contiene a partir de ingresos crecientes que pasan por recaudar mejor y parejo, el final del TLCAN acecha y se mete en las campañas.
¿Cuál de los multicitados tapados de Enrique Peña Nieto encaja en este contexto, en este retrato hablado? Sólo uno y se busca.
Espectáculo nacional cortesía del primer priista, quien al lograr con su primo mantener tricolor el terruño y someter dentro del PRI pálidos asomos de rebeliones cíclicas y clásicas, nos ha devuelto la emoción de la incertidumbre cuando el domingo 4 de junio desmontó la idea generalizada del inevitable triunfo de López Obrador en 2018.
Redes sociales sujetas al mejor postor, a quien más pague por estrategias blancas y negras. Como sea, la elección del 1 de julio próximo no la van a decidir tropas virtuales estacionadas en cafés y ludotecas laborales anónimas.
La agenda política de hoy nace de estatutos y candados rotos, de frentes crujientes, cruza imaginarias pasarelas de un círculo rojo de temporada, alcanza la paz (presagio de tormenta), que dice ver en el gesto de un sobre-interpretado Presidente Peña Nieto que, dicen, se delata; su dedo ya no vacila, la decisión está tomada, embargada hasta nadie sabe cuándo.
Este artículo fue publicado en La Razón el 16 de noviembre de 2017, agradecemos a Carlos Urdiales su autorización para publicarlo en nuestra página.

