Se equivoca Silva-Herzog Márquez: AMLO 3.0 no es 'reboot', es 'upgrade'

Se equivoca Jesús Silva-Herzog Márquez: AMLO 3.0 no es un ‘reboot’, es sólo un ‘upgrade’

Se equivoca Silva-Herzog Márquez: AMLO 3.0 no es 'reboot', es 'upgrade'
Noticaribe

Este día se ha suscitado una de esas irónicas paradojas que pueblan nuestra discusión pública: justo cuando el ensayista Jesús Silva-Herzog Márquez (JSHM) opina que al parecer, AMLO ha abandonado su antiguo hábito de “la descalificación personal de periodistas”, López Obrador le demuestra su obvia equivocación descalificándolo como “secuaz del poder”.

En verdad es hasta cómica la contradicción: Justo cuando JSHM se congratula de que López Obrador parece haber superado su cotidiana actitud “irascible, intolerante” y grosera ante “cada cuestionamiento” de la prensa, el tabasqueño demuestra de nuevo el error del analista con un tuit en el que reacciona con virulencia acusándolo de ‘conservador con apariencia de liberal’, al parecer muy alterado por el calificativo de “oportunista”.

“Hace tiempo que Jesús Silva-Herzog Márquez me cuestiona con conjeturas de toda índole. Hoy, en el periódico Reforma, me acusa sin motivo de oportunista. Ni modo, son tiempos de enfrentar a la mafia del poder, a sus secuaces y articulistas conservadores con apariencia de liberales“, señala AMLO en su cuenta Twitter, sin poder ocultar su enchilamiento.

En efecto, Silva-Herzog Márquez escribió en Reforma que al parecer “queda poco de ese sectarismo en AMLO 3.0. Si en empeños anteriores mordía cada anzuelo que sus enemigos le lanzaban, hoy se burla con gracia de su torpeza”.

Recuerda que AMLO “caía fácilmente en las provocaciones. Era irascible, intolerante, grosero. A cada cuestionamiento respondía con una descalificación moral. Hace apenas unos meses, se enfrentaba en pleitos absurdos con periodistas que cometían el terrible pecado de hacer su trabajo y hacerle preguntas incómodas”.

Y en un desternillante acto de profecía política (retroactiva, claro), JSHM enumera aspectos que él cree parte del viejo AMLO, pero que describen con meridiana claridad su reacción tuitera de hoy: El tabasqueño rehusaba la respuesta para lanzarse a la descalificación personal de los periodistas. Quien cuestiona al prócer le hace el caldo gordo a la mafia. Ofrecía entonces consejo a los periodistas para hacer su trabajo. Cuestionarlo era venderse a los traidores”.

¿Y qué es lo que molestó tanto a López Obrador, al grado de exhibir (aunque sea brevemente) al verdadero político detrás de la careta de bonhomía y ‘buena ondez’ de los últimos meses?

No fue la crítica a su gabinete que, pese a algunos dardos, básicamente es positiva:

“Dudo que alguien se entusiasme con el equipo que rodea a López Obrador. Bajo ningún punto de vista podría decirse que se trata de una selección nacional. Pero hay algo que resalta en los nombres de su convocatoria: no forman una secta. No son los mismos que han seguido siempre a López Obrador, no son fervorosos de su causa, aunque en este momento sirvan a su ambición. Quiero decir que no hay un criterio sectario en el reclutamiento de sus colaboradores y que eso no es poca cosa. Insistir que el proyecto de López Obrador intenta reeditar el experimento bolivariano es absurdo si uno atiende la silueta del gabinete que ha anunciado”.

No; el verdadero enojo de AMLO es por la crítica a su política de alianzas:

“El peligro de AMLO 3.0 es otro. Del extremo del sectarismo, López Obrador se ha desplazado al punto contrario: el oportunismo. Su coalición no es ya ni sombra de su base política. Morena ha sido traicionado antes de ganar el poder. El caudillo lo ha entregado al cálculo de sus ambiciones. La lealtad de hoy puede vencer a la deshonestidad de ayer; los mafiosos pueden transformarse en abanderados de la regeneración nacional, los bandidos pueden ser perdonados por la infinita bondad del prócer. Morena ya ha sido sacrificada. Al caudillo le sirven los foxistas, los calderonistas, los zedillistas, los salinistas. Todos caben, ha dicho la presidenta de Morena”.

Y lo que esta política de alianzas conlleva:

“Si en el escenario nacional destaca un político pragmático, si resalta un político sin nervio ideológico ni criterio ético para entablar alianzas, ese es el candidato de Morena. Su política no es nueva. La conocemos en México como priismo. López Obrador ha vuelto a sus orígenes: ha fundado un partido con la ambición de recoger a todos los ambiciosos, un partido en el que las ideas no importan. Ha fundado un partido para que la política no castigue a nadie”.

En suma, Silva-Herzog Márquez ha evidenciado al López Obrador de siempre, desde el 1.0 que hacía sus pinitos cómo líder estatal del PRI para defender lo que las órdenes del Señor Gobernador quisieran; en espera de su turno para ser el mandamás. Se entiende el enojo del tabasqueño.

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