La noche de este martes me enteré, nos enteramos, de algo importantísimo: la captura, por parte de la justicia de los Estados Unidos, del líder sectario Naasón Joaquín García, heredero de un imperio religioso que posee negocios, casas, tierras, medios de comunicación y que apenas hace dos semanas, dio inicio a la construcción de una ciudad propia en El Salvador. ¡Una ciudad propia!
Tres generaciones de “apóstoles” (abuelo, padre, nieto), 88 años y el sufrimiento de muchísimas personas. Eso fue lo que tardó en llegar el brazo de la ley a La Luz del Mundo. Pero por supuesto, no el brazo de la ley mexicana. Aquí en México todos lo cobijaron. Hasta ahora. Ya veremos, como es costumbre en la repugnante clase política, cómo se deslindan o se hacen gansos los que en algún momento le llamaron apóstol, lo aplaudieron o gozaron de sus favores.
Que Naasón Joaquín haya caído en los Estados Unidos no es casualidad. A diferencia de su abuelo y su padre, Naasón tuvo buen ojo para llevar a su secta más allá de las fronteras mexicanas.
La ambición incontenible de Naasón Joaquín, que superó a su padre y su abuelo en capacidad operativa y de marketing, fue su éxito y también su ruina: al expandir su negocio a otros países, se puso también al alcance de sus leyes.
Luego de mi artículo La impunidad de la Luz del Mundo y sus fieles de la 4T, recibí información confiable en el sentido de que a Naasón Joaquín se le investigaba en los Estados Unidos, particularmente en California, en donde reside un “grupo de resistencia” conformado por ex miembros de la secta.
Algunos son víctimas de abusos y otros se encuentran gravemente desencantados por descubrir que quien creían un auténtico representante de dios no es más que un criminal.
Una persona que se identificó plenamente conmigo y que me pidió que no revelara su identidad me informó por correo electrónico que a Naasón Joaquín se le investigaba en los Estados Unidos por abusos sexuales, lavado de dinero y otros delitos, pero me pidió que, por el bien de la investigación, mantuviera discreción al respecto. “No lo sospecha, y si lo sabe, puede escapar”.
Así lo hice, no divulgué ese detalle hasta ahora, que ya no es noticia, confiando en que ese pequeño acto de discreción colaborara un poco para que el líder de dicha secta fuera acusado formalmente.
Este martes, ocurrió así. Una excelente noticia, aunque empañada, desde mi punto de vista, por el hecho de que se le ha fijado fianza (25 millones de dólares, que seguramente pagará con la morralla que lleva en el bolsillo de la camisa), a pesar de la enorme gravedad de los delitos que se investigan. No soy conocedora de las leyes californianas, pero a mi gusto alguien acusado de pornografía infantil no debe obtener dicho beneficio.
Pero lo que me pregunto ahora es qué estará sintiendo la clase política que, guapísima y emperifollada, acudió a la muy cursi “gala cultural” con que culminó el “Jubileo de Vida” por los 50 años de vida de Naasón Joaquín. Sí, el multicitado homenaje para el que el Palacio de Bellas Artes se puso en renta, perdida toda dignidad.
Por lo pronto, esta tarde ya salió el senador Martí Batres a decir que él no conoce a Naasón Joaquín y que lo ocurrido “no daña” la imagen del gobierno federal, ya que cuando se hizo el homenaje en Bellas Artes (al que acudió de smoking, todo sonriente) no se sabía que a Naasón se le investigaba por pornografía infantil.
No, señor senador, “no se sabía” eso en concreto. Pero sí se sabía, al menos desde 1997, que había numerosos testimonios de ex miembros de la secta que hablaban de abuso sexual a menores, de violación, de explotación laboral, de manipulación psicológica, a manos del padre del líder que usted fue a aplaudir. Asqueroso.
Usted, senador del toper rojo ¿nunca pensó en impulsar una investigación, escarbando en el pasado? Obviamente no. Prefirió pasar una agradable tarde en la “gala cultural” en honor al “apóstol” y dejarse ver socialmente, en un evento que en ese preciso momento, parecía una gran idea.
¿Qué dirá de esto el presidente Andrés Manuel López Obrador? Él, que con su absurda actitud de “tolerancia religiosa” lo que hizo fue ser cómplice (a sabiendas) de toda una organización criminal disfrazada de religión. Él, junto con otros muchos miembros de la clase política mexicana.
¿Seguirá usted, presidente López Obrador, insistiendo en que las críticas que hemos hecho a La Luz del Mundo son un asunto de intolerancia religiosa?
¿Seguirá fingiendo que guarda usted buena voluntad y afán de mantener la paz, cuando lo que pasa en realidad es que no quiere incomodar a un sujeto poderoso, que mueve grandes clientelas políticas?
¿Seguirá usted defendiéndolo, ahora que ya no solo es asunto de la laicidad del Estado, sino un tema de gravísimos delitos?

