El PRI emitió la noche del jueves 23 de marzo una tarjeta informativa para referirse a un accidente de tránsito en que se vio implicada su secretaria general, Claudia Ruiz Massieu y en el que un menor resultó lesionado. Los medios armaron sus notas con fragmentos de la versión priista y rumorología de las redes sociales, pero nadie se tomó la molestia de hacer el trabajo periodístico correspondiente para averiguar cómo se encuentra el menor afectado ni para saber cómo pasaron realmente las cosas ¿El resultado? Un inusual interés de los medios “críticos” por los incidentes de tránsito y un veredicto de culpabilidad contra la ex canciller, sin antes tener la película completa.
El asesinato de la reportera Miroslava Breach el jueves 23 en Chihuahua, fue una noticia que para los principales diarios mereció un espacio sus primeras planas del viernes 24, incluso para La Prensa. No así para Reforma, que prefirió privilegiar el estreno de una serie de televisión por Netflix o La Razón, que optó por destacar una selfie del presidente Enrique Peña Nieto y el gobernador del Estado de México, Eruviel Ávila. El papel de la llamada prensa alternativa no ha sido mejor; sólo reacciona por afinidad editorial o política, cuando la violencia contra periodistas en todo el país, debe ser denunciada y reprobada sin distingo alguno.
Pablo Hiriart, quien ha dejado en claro desde hace muchos años que López Obrador no es santo de su devoción, escribió el viernes 24 en El Financiero una ácida columna contra el dirigente de Morena por sus declaraciones contra el Ejército y tacha de mentiroso a John Ackerman, uno de los más fervientes defensores del político tabasqueño, pues según Hiriart sus columnas donde culpa a los militares de los hechos de Ayotzinapa, son la principal fuente de las ideas equivocadas de López Obrador sobre las fuerzas castrenses. La respuesta de Ackerman es inmediata y afirma que Hiriart es “sobrino de Pinochet”. Cuando el temperamento, filias y fobias guían a la pluma y no los datos fundamentados, en lugar de un debate de ideas, tenemos enfrentamientos estériles que sólo abonan a polarizar aún más a la sociedad.
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Reporte Índigo consigna en su primera plana, también el viernes 24, la cabeza “El pacto inconfesable” con una fotografía de las piernas de un corredor que está a punto de llegar a la meta de una carrera y en cuyas medias se aprecia el logotipo de Morena. El artículo central refiere una supuesta alianza pactada entre el PRI y el PAN para evitar la casi “inminente” victoria de Andrés Manuel López Obrador; el texto está construido a base de especulaciones, “refritos” mal hechos de las teorías que el reportero de Proceso, Álvaro Delgado ha plasmado en su más reciente libro “El Amasiato”, donde se detallan los presuntos arreglos entre estos partidos en contra del tabasqueño. Pero no hay en realidad una investigación periodística de fondo, donde el lector tenga pruebas contundentes de este supuesto “pacto inconfesable”. Más bien, el tabloide dirigido por Ramón Alberto Garza ya dejó en claro de parte de quién va a jugar en la próxima contienda electoral.
El director de Proceso, Rafael Rodríguez Castañeda, escribió en su cuenta de Twitter que esta publicación “no es pejista, ni panista, no priista, ni zavalista”. Solo somos periodistas. Eso no gusta a los políticos, dice él. Sin embargo, en los 83 días que van del 2017, únicamente en su versión digital, el semanario ha dedicado 174 notas a Andrés Manuel López Obrador, para destacar sus declaraciones y difundir las promesas de su campaña adelantada. A eso hay que agregar el ejercicio de “rectificación” que recientemente hizo para retractarse de una nota acerca del enfrentamiento del tabasqueño con el padre de uno los 43 normalistas de Ayotzinapa durante su gira en Nueva York. Sólo con él, y con nadie más lo ha hecho, Proceso se dio a la tarea de “aislar el ruido y bajar la velocidad” para aclarar que no López Obrador dijo una cosa, sino otra. Las equivocaciones respecto a otros actores políticos, simplemente las deja pasar.
Estos ejemplos muestran que los sesgos y omisiones que rigen al periodismo mexicano, son síntomas de que pasa por una seria crisis y tiene muchos pendientes por atender.
