Transcurren los días en los Estados Unidos Mexicanos y desde el otro lado de la frontera norte no se descansa un sólo día y se sigue desahogando la agenda bilateral en materia de seguridad. Mientras en el país se percibe a un secretario de relaciones exteriores sumiso y de papel, quien es vocero de su partido y no representante del estado mexicano, el gobierno norteamericano mantiene una narrativa dura de combate al crimen organizado.
En ese contexto, las investigaciones periodísticas de aquél país ponen en evidencia la putrefacción de la administración de la narca transformación y pone en entredicho la narrativa oficial cuya fuerza desde la conferencia mañanera ya sólo satisface a acólitos y a genuflexos.
Con o sin plazo de entrega formal de los acusados requeridos por los estadunidenses se compromete la posición de México con este país y su credibilidad en el concierto internacional. Actualmente, la prensa mexicana oscila entre trascendidos y rumores que hablan de la captura o extradición de una cantidad importante de funcionarios adeptos a la falsa transformación, así como ya de algunos actores políticos opositores. Sí, para ellos la justicia es justicia, no una forma de hacer política.
En el caso hipotético de atestiguar en el futuro próximo la entrega de narcopolíticos mexicanos no habrá de ser una circunstancia de celebrarse ni de festejar; por el contrario, se materializaría el peor escenario posible y prácticamente la peor crisis política de la historia.
Sí, también, provocada por la abierta omisión al combate criminal por parte del Carnicero de Macuspana pero también como un fenómeno al cual le antecedieron errores y complicidades desde todas latitudes administrativas, legislativas y políticas. La cooperación bilateral obligada, sencillamente, desnuda y expone el sistema gubernamental en su peor versión. Una vergüenza desde cualquier interpretación.
La encrucijada que ya se viene señalando desde hace semanas en la cual se encuentra la presidente de la república la compromete a un punto tan álgido que prácticamente están condenadas y condicionadas las elecciones del año entrante.
Por ello, y de manera extraoficial ya han iniciado las campañas, violando todo precepto de la ley electoral vigente. Lo anterior, tan sólo para distraer el foco mediático de la crisis de inseguridad que azota a más del setenta por ciento del territorio nacional. Los coordinadores o falsos ungidos, sin importar el color partidista simplemente están violando la ley electoral y cayendo en la trampa del oficialismo.
Hoy, un año antes se inician los procesos electorales; después del 27, querrán hacerlo dos años antes y así hasta mantener permanentemente politizada-partidizada y saturada a la población en general.
La encrucijada también tiene a la presidente en aras de romper su relación con el aquél que se esconde en Palenque. Se insiste desde este espacio: no se puede romper un pacto que en realidad es alianza; no se puede renunciar a lo que no se ejerce ni mucho menos se puede gobernar lo que hace rato dejó de ser un Estado democrático.
La omisión y el desconocimiento son sinónimo de complicidad y las opciones se le agotan a la señora presidente. Cuando llegue su decisión final lamentablemente no habrá nada para celebrar. Por bien de México que reflexione en lucidez lo que determine el destino de millones de personas en el futuro inmediato. México ya no resiste más.


