Si me dicen no vengo

Es gratificante para el periodismo nacional el éxito de los dos nuevos programas de Joaquín López-Dóriga en Televisa porque, en medio de un afán excesivo por lo nuevo y de desprecio por lo antiguo, que es hoy tendencia universal, López-Dóriga sigue abrevando de las fuentes de la profesión.


Ahora que muchos quieren reinventar el periodismo, López-Dóriga optó por una máxima de Robert Hutchison que parece del mioceno en este entorno de Iphone, Google Maps, Waze, Wikipedia:


“No poner el conocimiento por delante de la sabiduría, la ciencia por delante del arte y el ingenio por delante del sentido común”.


Así, López-Dóriga trasladó el debate político nacional los jueves a su programa Si me dicen no vengo, algo loable en un país donde la cultura y el nivel de instrucción son sustituidos por el grito, la ofensa, el facilismo y la maledicencia.


Y los martes concentró los comentarios a la consecuencia de los hechos, los reportajes y el trabajo de los contenidos noticiosos en su programa Chapultepec 18, un estilo al que el crítico Álvaro Cueva denomina “periodismo de autor”.


¿El éxito está dado por su poder de convocatoria como el reportero de reporteros? En alguna medida sí. Pero el lucimiento se debe a su autoridad profesional, la hechura de su estilo para la palabra hablada y la conducción del debate.


Es por eso que Si me dicen no vengo y Chapultepec 18 se adaptaron de manera natural a las nuevas formas de acceso a la información:


1.- Por su impacto para marcar agenda en otros medios.


2.- Por su altísima penetración para encender la polémica y formar opinión en las redes sociales.


3.- Por mantener niveles de teleaudiencia superiores al resto de los programas, a pesar de ser transmitido después del horario prime time.


¿Tuvo que reinventar algo López-Dóriga? ¿Debió “rejuvenecer”? ¿Se alineó a las “tendencias” de Estados Unidos y Europa? No. En un programa modera a un grupo a favor y otro en contra; en el otro va detrás de la noticia encontrando ángulos que los otros no vieron.


Se trata de un retorno a las fuentes que permitió también a la vieja prensa estadounidense volver a ser clave en las pasadas elecciones, por delante de TV, radio e Internet, con editoriales e investigaciones… igual que hace 100 años. Trump a fin de cuentas era un producto de la tele.


Si Clinton aventajó siempre en las encuestas fue gracias al empuje de los diarios: Washington Post reveló la grabación de 2005 en la que Trump ofendía a las mujeres y NYT publicó que Trump estuvo más de una década sin pagar impuestos. Las exclusivas fueron de los periódicos, no de la TV.


Porque, como aquí López-Dóriga…


Volvieron a los orígenes.



 


Este artículo fue publicado en La Razón el 21 de noviembre de 2016, agradecemos a Rubén Cortés su autorización para publicarlo en nuestra página.

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