¡Sí se puede!

A la querida Paola Rojas, por los veranos que
un invierno a destiempo regala.

Los auténticos poderes fácticos de la política, economía y sociales de este país están por definir, de entre José Antonio Meade y Ricardo Anaya, quién será el contrincante de López Obrador en la gran final del próximo 1 de julio.

La contienda por la Presidencia no es disputa entre tres; las campañas son las de un puntero y dos peleando a cuchillo limpio para que alguno sea beneficiario del voto anti-AMLO. El objetivo: hacerse de ese enigmático rango porcentual de votos no declarados en intenciones ni preferencias. La guerra entre la campaña de Meade y Anaya terminará con la última marejada de encuestas, la próxima semana.

Definido el rival de López Obrador, tras ventilar y promover cuanto escándalo chico y grande se pueda; a saber, amigos lavadores, transacciones sospechosísimas, aliados incómodos, personajes lastre; en fin, cuando conozcamos medias, promedios y agregados estadísticos finales, Meade o Anaya se embolsarán el voto anti-Peje.

Relacionada con el deporte, la expresión ¡sí se puede! nos remite al inesperado y celebrado triunfo de México frente a Alemania. Al resultado contra la estadística, al fracaso de los pronósticos deportivos globales; la afirmación de la capacidad, sin especificar qué es lo que sí se puede, es consustancial a los ánimos deportivos del momento.

Pero en la democracia, y no sólo en las elecciones, sí poder es fundamental para el desarrollo de la justicia y la seguridad. Para los grandes temas que a todos atañen y ocupan con ópticas diferentes, con ideas contrapuestas, con proyectos divergentes en debates infinitos, en la alternancia de oportunidades para encabezar, incidir, gobernar.

Por eso es indispensable que sí se pueda llegar a la jornada electoral más grande de nuestra historia sin mayores violencias, la física (115 candidatos asesinados), la verbal y la viral, anónima y vulgar lapidación en redes antisociales. Que se pueda elegir a más de tres mil 200 funcionarios públicos de un jalón y reconocer las tendencias en la presidencial y nueve gubernaturas, la misma noche del 1 de julio.

Sí se puede respaldar al árbitro que procesa todo aquello que la reforma política arrojó a su cancha sin más estructura o presupuesto; sí se puede respaldar a un INE que organiza, delibera y a un Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación que revisa y resuelve.

En México, sí se puede alternar el poder presidencial entre quienes no pertenecen al mismo grupo político; van dos y puede venir la tercera. Sí se puede tener una transición ordenada y transparente; un cambio de poderes sólido, sin los alfileres de unas finanzas públicas enfermas.

Si se pudo ganar un partido de futbol contra todo pronóstico, también se puede hacer que la elección pase y México quede. Se puede, ¿o no?


Este artículo fue publicado en La Razón el 19 de junio de 2018, agradecemos a Carlos Urdiales su autorización para publicarlo en nuestra página.

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