Lesby Berlín, mexicana de 22 años, fue asesinada en la madrugada del pasado 3 de mayo de 2017, reportaba El País dos días después, en el campus de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Agrega que aunque todavía no se ha identificaba al autor, la Procuraduría General Judicial de la Ciudad de México divulgó información sobre el crimen. “Poco tiene que ver con el asesinato: la información –ya retirada– hablaba sobre la vida personal de la víctima, que supuestamente estuvo ‘alcoholizándose y drogándose’ antes de que la mataran”. (https://verne.elpais.com/verne/2017/05/05/articulo/1493970142_420692.html)
Y aclara que culpabilizar a la víctima es uno de los pilares de la cultura de la violación: “También ocurrió con las viajeras argentinas asesinadas en Ecuador –donde se les recriminó que viajaran ‘solas’– o la violación múltiple a una menor en Brasil, donde la propia policía planteó que podría tratase de un acto sexual no forzado. Muchas usuarias han criticado en redes la actitud del PGJCDMX con el hashtag #SiMeMatan, en el que imaginan de qué las culparían si las asesinaran” (ibid).
Ese es el contexto del tuit tan manoseado, vilipendiado e incomprendido de Mara Miranda, cuyo cadáver fue encontrado el viernes en el estado de Tlaxcala, tras estar desaparecida desde el 8 de septiembre. Los detalles del crimen contra Mara son conocidos y no me detendré en ellos más allá de lo necesario. Baste decir que el mismo procedimiento social de culpabilización machista que originó aquel hashtag y el trending topic respectivo, comenzaron a operar contra Mara y su anatemizado tuit.

Los retazos que acostumbra vender la PGJCDMX (y los medios compran)
El motivo que originó el hashtag #SiMeMatan en mayo es apenas un notorio caso de un pésimo pero consuetudinario hábito de la autoridad penal mexicana: mientras desahoga las averiguaciones de un caso de alto impacto mediático, reparte entre los ávidos medios pedazos de la información; retazos sin orden ni concierto cuyo único objeto es mantener contentos a los medios.
Pasa en todas las etapas de una investigación (victimología, forense, pericial, interrogatorios, etcétera), pero resulta que en el caso de Lesby los retazos del 5 de mayo tenían que ver con los hallazgos en victimología de ese primer momento, que fueron los que desataron la indignación genuina de muchas personas y la de los indignatarios profesionales de las redes.
No pretendo desdorar la gravedad de la protesta que originó el hashtag, de ningún modo, pero extraer de él algún sino de maldad específica de la autoridad (misógina y machista) es un exceso narrativo que (como es usual en un típico tren virtual de redes), simplemente fue aceptado por casi toda la muchedumbre digital.
Si la víctima del asesinato fuese un joven sin trabajo, los medios divulgarían retazos que insinúan o se preguntan si no era en realidad un delincuente o narco. Si fuera casado, si no había un tercero en discordia en el matrimonio, etc… No es algo nuevo; pasa todo el tiempo, claro que con las mediaciones y matices de acento que cada medio de información le da al dato bruto (que sí es básicamente el mismo).
Por eso la PGJCDMX reaccionó tan drásticamente al final del primer ciclo mediático: repudió la misoginia, desautorizó las fuentes y condenó la divulgación de los datos… Los medios (pese a ser socios gananciosos en la mecánica de los retazos, hay que decirlo) se hicieron patos y le cargaron a su hipotética y reservada ‘fuente’ toda la culpa del sainete (hubo inclusive un caso curioso de un portal que se desmintió de su propio despacho cuando el escándalo comenzaba a tomar vuelo y ofreció sentidas disculpas por su ‘imprudencia’, lo que le permitió ser sin mucho conflicto ético uno de los campeones en la divulgación del hashtag reparador y justiciero).
¿Y qué tan grande fue el hashtag en cuestión? No exageramos si decimos que fue sin duda un trancazo: “Con 721 millones de impresiones como alcance potencial combinado, se presentaron más de 125 mil 818 menciones en Twitter, y 12 mil 907 interacciones en páginas públicas de Facebook, convirtiéndose en tendencia global. La gran cantidad de artículos en medios digitales logró un alcance potencial de seis mil setecientos millones de impactos, sí, seis mil setecientos millones de vistas posibles para las más de 127 mil 244 publicaciones detectadas”.
Los números son tan elevados debido a “foros como msn.com y reddit.com que aportan en algunas publicaciones hasta 595 millones de impactos, y sitios de noticias como playground, bbc.com y vice.com. El 94 por ciento de las publicaciones fueron en español, 3% en inglés y el resto en otros siete idiomas entre ellos portugués, irlandés y japonés. El 59.5% de las publicaciones fueron escritas por mujeres” (Alonso Cedeño: “Cuando la estrategia digital inicia una crisis”; en El Universal http://www.eluniversal.com.mx/entrada-de-opinion/columna/alonso-cedeno/nacion/politica/2017/05/9/cuando-la-estrategia-digital).
Todo parece indicar que estamos a punto de encarar otro mediatón, que a su manera se vuelve una lamentable ley de la selva digital en las redes (y si lo dudan nada más vean las monstruosidades que algunos redenautas han respondido en el tuit de Mara). Quizás sólo nos quede llamar a la moderación y el análisis, antes de dejarnos arrebatar por las presiones y las efusiones propias de un tren virtual de este tipo. En última instancia, lo que todos deberíamos demandar es que este terrible trance contribuya a generar acciones reales que acaben o reduzcan los escandalosos márgenes de impunidad e injusticia en torno a los feminicidios.

