Sin filias y fobias

la relación que tiene nuestro país con el gobierno de Trump se le puede aplicar aquello de que cuando las cosas están mal, pueden estar todavía peor.

El presidente de EU no ha bajado la guardia; ni la va a bajar. A su declaración de imponer 5% a todos los productos mexicanos que ingresen a EU en caso de que no se resuelva de fondo el tema migrante, se le ha sumado también el caso de los narcotraficantes, con un “vamos a ver quién gobierna México”.

Sobre advertencia no hay engaño. El jueves pasado dijo que iba a hacer una gran propuesta para resolver el problema de la frontera; la llamó de “grandes ligas”. Ese mismo día señaló de qué se trataba: de la imposición de un impuesto acumulativo hasta que no resolviéramos el tema migrante y el del narcotráfico, como si todo esto fueran problemas de nuestra estricta y única responsabilidad.

Desde ese día, la belicosidad de Trump no ha bajado, más bien se ha intensificado. Su tuit de ayer pinta lo que en verdad piensa de la propuesta del Gobierno mexicano. Lanzó un tuit en el que ratifica su insolencia, en el que, de manera implícita hace ver, una vez más, que para él los problemas no son de EU, ni por asomo: “México está enviando una gran delegación para hablar sobre la frontera. El problema es que han estado “hablando” durante 25 años. Queremos acción, no conversación”.

Es claro que estamos ante un problema de consecuencias graves y trascendentes. Si bien Trump es impredecible, tiene una lógica de pensamiento y acción. No es sólo cuestión de ver cómo ha impuesto las formas en la relación con nuestro país; es cosa de ver el desarrollo de su gobierno con Europa, China y Corea del Norte, por mencionar las que han sido más tormentosas e imprudentes.

Lo que parece que no le quedó claro al Gobierno mexicano es que no podía, ni debía, confiar en Trump; y queda la impresión de que, a pesar de los muchos evidentes indicadores, lo hizo. López Obrador ha enviado mensajes, los cuales no han tenido acuse de recibo alguno, buscando atemperar el tenso clima que se ha creado entre los dos gobiernos, lo cual nos está llevando a una crisis histórica con tintes inéditos.

Para Trump la política laxa con la que en un principio el gobierno de López Obrador afrontó el tema migratorio es lo que está provocando la actual crisis, independientemente de que las políticas sean ahora distintas y más severas, en cuanto al ingreso de migrantes.

La voluntad y convicción del Gobierno mexicano es que los migrantes sean respetados en todos los renglones, empezando por sus derechos humanos. Lo que si pasó en un primer momento, es que el Gobierno abrió la puerta como parte de sus convicciones y voluntades, lo que provocó, a querer o no, un flujo inesperado de migrantes, lo que afectó a EU y no olvidemos que también a nosotros, de muchas maneras.

Se ha interpretado que lo que hace Trump tiene que ver con sus intenciones de reelegirse y también como un elemento distractor ante la crisis rusa, de la cual nomás no sale y que lo tiene en medio del riesgo.

Es probable que así pueda ser, pero en el camino, sus ocurrencias, o como se le quieran llamar, nos están colocando ante una eventual crisis económica y no perdamos de vista que puede ser también social.

No es momento para escatimar al Gobierno de López Obrador. Es una coyuntura que nos obliga a estar juntos, sin filias y fobias.

Lo que no debe dejar de estar presente son la crítica y las propuestas, las cuales el tabasqueño debe escuchar, quien en este proceso no debe, no puede, ni se vale, irse por la libre; nos necesita a todos.

RESQUICIOS.

A los grandes proyectos del sexenio, Dos Bocas y Santa Lucia, se les está apareciendo la confusión y la discrecionalidad. No pueden seguir bajo estas sombras, porque además de que al final serán las caras del sexenio, se prometieron otras formas y otros fondos para hacer los cosas, los cuales no se están viendo.


Este artículo fue publicado en La Razón el 3 de junio de 2019, agradecemos a Javier Solórzano su autorización para publicarlo en nuestra página.

Autor

  • Javier Solórzano

    Javier Solórzano es uno de los periodistas mexicanos más reconocidos del país, desde hace más de 25 años. Licenciado por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales por la Universidad Nacional Autónoma de México, cursó estudios en la Universidad Iberoamericana y, hasta la década de los años 80, fue profesor de Comunicación de la Universidad Autónoma Metropolitana.

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