Tabasco: 40 años pagando los costos del petróleo

En Tabasco llevamos más de cuatro décadas viviendo las consecuencias de haber formado parte del sostenimiento económico del país con petróleo.

La riqueza salió, pero los daños se quedaron: contaminación en ríos y suelos, caminos destruidos por el tránsito pesado, cultivos arruinados, corrupción de empleados de Pemex que durante años trataron al campo tabasqueño como si fuera territorio sin ley. Nada de esto es nuevo. Lo que sí es nuevo es que, después de tanto abuso, todavía tengamos que soportar una refinería instalada en el peor sitio posible.

La decisión de construir Dos Bocas en Paraíso fue un error anunciado. Técnicos, especialistas y habitantes de la zona lo dijeron desde el principio. Hoy las consecuencias están a la vista: explosiones, muertes, derrames y un deterioro ambiental que ya no se puede ocultar con discursos oficiales.

La diputada local de Movimiento Ciudadano, Patricia Lanestosa Vidal, lo expuso con claridad al señalar que Pemex se ha convertido en un flagelo para los tabasqueños. No es una frase ligera. Lo respalda una lista de hechos recientes: el derrame de hidrocarburo en la costa de Dos Bocas sin responsables identificados; los gases contaminantes que salen de los mecheros en Jalapa; la explosión en la barda perimetral número 1 de la refinería, donde murieron cinco trabajadores; y los derrames que han vuelto las playas de Paraíso zonas no aptas para recibir visitantes.

Mientras Protección Civil asegura que las playas están listas para vacacionistas, la realidad es otra. La contaminación está ahí, visible y persistente. La diputada pidió a la ciudadanía valorar su decisión antes de exponerse, y tiene razón. No se trata de alarmar, sino de reconocer que Pemex ha provocado daños que ninguna autoridad debería encubrir.

Los más afectados son los sectores productivos. Los pescadores de Paraíso tuvieron que tirar su pesca por la presencia de hidrocarburo en la costa. No es la primera vez que ocurre y, si no hay cambios de fondo, tampoco será la última.

Tabasco no puede seguir pagando con su salud, su economía y su territorio los errores de una empresa que ha operado desde siempre sin transparencia y sin asumir sus responsabilidades.

La deuda histórica con este estado es real. Y mientras Pemex siga actuando sin controles y sin consecuencias, Tabasco seguirá siendo tratado como zona de sacrificio. Eso no es desarrollo. Eso no es soberanía energética. Eso se llama abandono.

Tabasco merece reparación y merece respeto, no silencios oficiales a como se ha acostumbrado durante décadas.

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