La prensa militante de México, que hace poco más de un mes se regodeaba con el gran reportaje de The Guardian que acusaba un nuevo conflicto de interés por parte de Enrique Peña Nieto y su esposa, hoy no sabe cómo lavarse la cara por hacerse cómplice de la difusión de la bomba mediática lanzada por un “prestigiado” medio extranjero que se atreve a revelar lo que los medios oficialistas callan.
Desde junio, el portal En la Politika ya había publicado la historia del departamento de Angélica Rivera en Miami, pero no tuvo eco hasta que el periódico británico la retomó. Bajo la firma de José Luis Montenegro – que en marzo pasado hizo el ridículo con la entrevista a la supuesta hija del Chapo Guzmán- el rotativo británico construyó un “remake” de medio pelo del reportaje de la casa blanca de Angélica Rivera y se inventó una siniestra conexión entre su departamento en Miami, con el de su vecino Ricardo Pierdant, un empresario que, supuestamente, tenía contratos millonarios con el gobierno de EPN o estaba en vías de tenerlos.
Por razones que hasta el momento no se han aclarado, En la Politika bajó el reportaje de su portal desde agosto y por lo que respecta al trabajo de The Guardian, éste nunca pudo establecer con claridad la relación de Ricardo Pierdant con el gobierno de Enrique Peña Nieto. Por ello, el viernes 16 de septiembre, el diario inglés admitió que su información fue errónea, ofrece una disculpa y anuncia que retirará el parte informativo de su sitio web.
La historia se repite, y tal como lo hizo en el 2013, The Guardian se retracta de un trabajo periodístico por no estar debidamente sustentado. Recordará el lector que el rotativo británico se tuvo que disculpar con Televisa después de que en junio de 2012, hiciera un “refrito” de la trama elaborada por Jenaro Villamil en octubre de 2005 sobre el presunto convenio entre EPN y Televisa para hacerlo presidente, el cual hasta la fecha sigue sin demostrase fehacientemente, a pesar de la saga de libros que el reportero de Proceso ha escrito.
The Guardian ya se disculpó, pero la prensa militante de México se instala en la soberbia y se niega a la autocrítica. Se limita a escudarse en el recurso del retuit, para informar a sus lectores que ya se dieron por enterados de la disculpa del diario inglés. O bien, prefieren crear las cortinas de humo que tanto acusan en su contraparte oficialista para distraer la atención.
Por ejemplo, durante el fin de semana se dedicaron a especular sobre el vestido que Angélica Rivera usó en la ceremonia del grito o si se había aplicado botox, a replicar nimiedades como el video del momento en que, supuestamente, un militar le arrebata la bandera nacional al gobernador de Chiapas, Manuel Velasco. O algo aún más bajo: tratar de ensuciar a una compañera acusándola de un presunto delito contra las leyes castrenses.
Denise Maerker fue invitada por el Ejército a hacer un sobrevuelo en uno de sus helicópteros y para tal efecto se le proporcionó una indumentaria y equipo adecuado; aquejados por un ataque de patrioterismo ramplón, en Proceso determinaron que la periodista violentó la ley al usar un uniforme militar. En todo caso, si hubiese una falta a los reglamentos de las fuerzas armadas, la mayor responsabilidad es de quienes hicieron la invitación y facilitaron el viaje de la comunicadora. Pero la idea de los militantes es mandar el foco hacia una vecina del bando opuesto, para no disculparse por su falta de ética al replicar las mentiras de The Guardian. En vez de ello, en un acto mezquino, alientan un linchamiento contra Maerker, ¿Y todo por qué? Por trabajar en Televisa.
