Cuartoscuro

¿Tiene futuro Morena?

¿Existe una mayoría ciudadana alerta, crítica y participativa? No. Se ve en el apoyo directo e indirecto a Morena y en el aún mayor abstencionismo en elecciones no judiciales. ¿Existe una mayoría ciudadana opositora? Ya se contestó. No. ¿Los partidos opositores están más debilitados? Sí. Muy debilitados. ¿Son más lentos y pequeños que Morena? Así son. Las reformas institucionales y el proceso político en general, ¿a quién protegen? A Morena. Ergo: sus escándalos y pleitos no matan al partido de López Obrador.

¿Es aún el partido de AMLO? Lo es. A López Obrador parece que nunca le pasará eso que le pasó a Plutarco Elías Calles, pero su maximato no durará por siempre y me temo que Morena sí puede sobrevivir ya sin AMLO. Y no sólo sobrevivir, también alcanzar y consolidar una hegemonía político-electoral sin él. ¿Por qué? Porque la construcción autoritaria no es incipiente, no está en sus primeras etapas sino en las últimas –para que exista completamente un régimen autoritario.

La dominación obradorista aún tiene la mayor parte del camino libre. “Estados Unidos“, es decir, Trump va a seguir entre la presión dura a Sheinbaum y la negociación con ella, no va a producir aquí un cambio de régimen para sustituir al que se está terminando de crear. No quiere, porque no lo necesita: ¿Sheinbaum es su enemiga? Sólo creen eso los fanáticos mexicanos y gringos… El proceso obradorista de transición autoritaria da la imagen de un barco sucio, agitado, abollado pero casi en puerto. Adán Augusto hundió más el prestigio del barco y del capitán fantasma, no ha hundido ni hundirá al barco como tal.

Hasta este punto he hablado de tres factores a favor de Morena: la indiferencia de la verdadera mayoría nacional, la mala situación de la oposición partidista y la autoprotección estatal. Hay otro del que se necesita hablar: la heterogeneidad del partido obradorista. Sabemos (algunos) que el prejuicio a favor y en contra de Morena es que es un partido de izquierda, lo que significaría que no sólo su discurso sino la gran mayoría de sus élites y militantes serían izquierdistas. Esto no existe en la realidad. La mayoría de izquierda en las élites obradoristas es ficticia, porque de hecho es pragmática diversa y de tendencia corrupta. En el poder, la composición amplia le permite a Morena crecer aún más con la mecánica “atrapatodo” (aceptar a quien sea para seguir sumando poder y restando opositores), y esa amplitud o heterogeneidad puede llevar a más conflictos internos pero también facilitarle la sustitución de élites tras los conflictos, no sólo el relevo “natural”.

La composición diversa-pragmática de Morena, además de real, es condición para lograr ser partido hegemónico, es gran factor –junto con las reformas institucionales que a la minoría de mexicanos le importan- de que esté logrando serlo, y aumentará conforme siga acercándose a ese estatus. Y sigue acercándose, con todo y grillas y Trump…

¿Pero cuál es el factor más decisivo? Quizá  la debilidad global de la oposición: no hay ningún partido que capitalice los pleitos morenistas, pleitos que por sí mismos no dejan sin efecto las reformas proMorena. Con esas reformas en vigor y con partidos opositores sin vigor, Morena tiene bastante despejado el camino, y siempre puede negociar con Trump, sobre todo si de mantener el poder se trata. Por lo mismo, los conflictos internos/externos no garantizan ni hacen muy probable la autodestrucción del partido. Sobre este punto hay una lección del PRI:

sobrevivió a muchos de esos pleitos, que llegaron hasta la fractura y la rebelión armada, y constantemente cambiaba el grupo dominante dentro del partido; Morena, como el PRI, no es un grupo sino un sistema de grupos, que puede tener  altos niveles de rotación o de elevación y caída grupales. Ésta era una característica priista y no hay razón para creer que no puede serlo de Morena.

Digo esto no para invitar a la renuncia opositora sino para oponerse con realismo. Para intentar que la oposición –partidista y civil- se oponga con realismo, que no es cinismo. Lo digo, en otras palabras, para poder actuar contra lo que es real y no contra proyecciones de creencias o deseos.

La lucha de la mayor parte de las élites opositoras contra el fracasado espantapájaros chavista es una de las prácticas que más han dañado a la oposición. La oposición no necesitaba convencer a sus fanáticos de que AMLO es chavista/socialista/comunista, eso lo creerán ellos aunque no se los repitan; necesitaba convencer a los demás no fanáticos de que AMLO y el obradorismo son la síntesis de lo peor del régimen priista y del régimen pre2018. Eso es. Pero pocos quieren creerlo, incluyendo opositores. Así, ¿cómo no habría futuro morenista?

Asimismo, cuando un opositor o crítico espera que los escándalos de corrupción de ciertos personajes conduzcan a la muerte de Morena, está cayendo en un optimismo abstracto y extremo, e improductivo o contraproducente. Lo que se necesita es, como dijo Antonio Gramsci, “pesimismo del intelecto, optimismo de la voluntad”. No dejar de hacer y hacer más, pero también hacer mejor por entender. Y entender implica dejar de creer lo que es cómodo y autosatisfactorio pero falso.

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