Un adelanto de populismo en el poder

Imposible regatear al PAN que intenta cumplir lo que prometió durante la campaña en las pasadas elecciones: que sus siete nuevos gobernadores meterían a la cárcel a sus antecesores. La palabra “cárcel” se escuchó en spots de su dirigente, Ricardo Anaya.


Y está bien. Pero casi a lo único a que se ha dedicado la mayoría de sus flamantes gobernantes es a buscar la manera de encerrar a quienes sustituyeron. Aún no le entran a la tarea de gobernar, y sus estados están peor que antes.


Es puro populismo. Salvando las distancias: lo mismo que Donald Trump. Siguen en campaña que, eso sí, hacen bien; y no van por la gobernabilidad, algo que no hacen bien. Así que estamos viviendo, aquí también, lo que es el populismo en el poder.


Ayer, el gobernador de Chihuahua ordenó el apresamiento de César Duarte para barrer bajo la alfombra el desastre de sus primeros cinco meses de gestión: 639 asesinatos violentos, con semanas en las que hubo hasta 40; y, en Ciudad Juárez, 81 crímenes sólo en febrero.


Durante el pasado fin de semana largo se registraron 14 muertos a tiros, mientras Javier Corral se dedicaba a jugar golf en Mazatlán, Sinaloa, a donde llegó en un avión privado, por el que pagó aproximadamente 42 mil pesos a un empresario, según publicó el diario El Universal, y lo confirmó el gobernador.


La consiga o no, Corral tratará de llevársela con el circo de la búsqueda y captura de Duarte. Pero el circo no bastará. Tendrá que gobernar algún día. Sucede algo parecido en Quintana Roo, que nunca antes había registrado la actual ola de crímenes: asaltos con granadas, asesinatos diarios…


“Los delincuentes estaban acostumbrados a que sus fechorías no sólo no tenían castigo, sino que eran toleradas. El ataque a las instituciones de justicia lo único que revela es que vamos en el camino correcto, y no vamos a bajar la guardia”, acusa el gobernador Carlos Joaquín.


Está bien. Perfecto: pero cuándo empezará a hacer su trabajo Carlos Joaquín. O piensa pasarse seis años culpando a otros. Porque lo cierto es que su gestión se encuentra sumida en un sopor peor que el que provoca el sol del mediodía en el Caribe.


Al igual que Corral, el gobernador de Quintana Roo tampoco se decide a gobernar. Corral al menos aparece, en eventos o jugando golf. Carlos Joaquín, en cambio, parece inmaterial y todo indica que ya se le fue el barco: lo que no se hace en los primeros seis meses, no se hace en seis años.


Pero el asunto es mayor: los nuevos gobernadores panistas son ejemplo de lo fácil que está incubando en México la seducción populista.


¡De miedo!



Este artículo fue publicado en La Razón el 29 de marzo de 2017, agradecemos a Rubén Cortés su autorización para publicarlo en nuestra página.

Autor

Scroll al inicio