UNAM: cercar a los dealers

La venta de drogas en la UNAM es un asunto antiguo. Donde hay demanda, existe oferta. Son las leyes del mercado. El problema es que los mercados ilegales se regulan por medio de la violencia; y lo que ocurrió el viernes, donde murieron dos personas a balazos, en plena Ciudad Universitaria, es un ejemplo de ello.

Desde hace algunos meses, el rector Enrique Graue decidió enfrentar el problema. Hay resultados, pero también daños colaterales. Entre los primeros se encuentra la detención de tres decenas de narcomenudistas y los segundos son la dispersión de los vendedores y la búsqueda de espacios que ello provoca.

La UNAM aumentó sus controles en los lugares donde se acostumbraban las transacciones, en particular, en la zona de los frontones.

La venta de drogas va a continuar (esto es una realidad que más vale aceptar), pero lo que no se puede permitir es que la violencia escale o que la casa de estudios se convierta en territorio de disputa de bandidos, dealers y pandilleros.

Siempre existe la posibilidad de acciones más contundentes, como podrían ser operativos policiales en las instalaciones, pero conllevarían el riesgo de afectar a los propios estudiantes y, además, no implicarían un cambio profundo con el paso del tiempo.

La presencia policiaca en CU es y será delicada. Si bien la autonomía no es insularidad, el tema siempre es polémico y la sola posibilidad suele ser aprovechada por grupos para colocar su propia agenda.

El propio rector lo explicó: “en los días y semanas por venir escucharemos voces, internas y externas, que clamarán por otras alternativas más agresivas; algunos quisieran vernos armados o militarizados”.

Por ello, una de las claves es la de hacer conciencia; y entre universitarios eso es factible, del riesgo que representan los narcomenudistas y de los daños que pueden causar y que ya causan.

La ruta es la correcta, aunque implica un esfuerzo permanente que requiere, sobre todo, de la participación de la comunidad universitaria.

Quienes comercian con droga son delincuentes peligrosos y lo han venido demostrando; pero se les puede aislar y se les tiene que perseguir.

La UNAM está en condiciones de continuar implementando estrategias inteligentes, en coordinación con las autoridades, que no comprometan su integridad y que signifiquen garantizar la seguridad de toda su comunidad, pero sin perder su esencia y sus libertades.

Esto también servirá como un dique para que quienes, aprovechando el contexto electoral, traten de sacar provecho de una situación en la que, lo que debe imperar, es la inteligencia.

Hay riesgos, por supuesto, pero es un avance reconocerlos y hacerse cargo del desafío. Sería terrible, y no sólo para la UNAM, que los balazos del viernes fueran el preludio de tiempos oscuros.


Este artículo fue publicado en La Razón el 26 de febrero de 2018, agradecemos a Julián Andrade su autorización para publicarlo en nuestra página.

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