Circular a una velocidad máxima de 50 kilómetros por hora sobre el Eje 3 Poniente, Avenida Coyoacán, en el sur de la Ciudad de México, como establece el nuevo reglamento de tránsito, es ir de luz roja a luz roja en todos los semáforos de todas las intersecciones que tiene.
Respetar ese mal señalizado límite obliga a hacer alto total y luego a reiniciar la marcha desde cero, paradójica, absurdamente, lo opuesto a las recomendaciones sobre movilidad urbana vehicular que establecen al mayor flujo continuo posible de autos, como un objetivo fundamental.
En vías rápidas de primer o segundo pisos, además de los radares están los fantasmas (anuncios), que indican cuál es el límite; el problema es que los hay de 40, 60 y 80. Pero, como dice el Monje refranero, será que el vivo vive del bobo.
El nuevo reglamento de tránsito privilegia al peatón, al ciclista, a la seguridad, e infracciona por contrato con empresas privadas al automovilista. El acuerdo del GDF con la empresa Autotraffic, contempla un pago garantizado equivalente al 46 por ciento sobre un mínimo de fotomultas cada mes. Del 10 de noviembre al 13 de diciembre se emitieron 20 mil 472 infracciones.
Asambleístas chilangos pidieron al secretario de Seguridad, Hiram Almeida, condonar la primera fotomulta “en lo que aprendemos”. Leyes y reglamentos que, al no socializarse, pasan en semanas de una aplicación sin mora ni excepción a la de graciosas concesiones políticas.
Dicen que desde la entrada en vigor del reglamento los accidentes han disminuido 2 por ciento y con ello una sola vida salvada valdría todo. Pero la premisa en el imaginario sigue siendo la de multas y más multas exclusivamente a los conductores.
Se estima que el 30 por ciento de los capitalinos tiene automóvil. Una clase media que goza y sufre del transporte privado. La mayoría utiliza un transporte público con alta dosis de inmerecida penitencia.
El programa Hoy No Circula pasó del rigor de hace 25 años que sacaba diariamente de circulación al 20 por ciento del parque vehicular sin considerar si el auto era nuevo o usado, al criterio del año-modelo que operó hasta 2015, cuando a través de la resolución a un amparo la SCJN trajo de vuelta a las calles y al ambiente 400 mil autos diariamente.
La “gracia” para circular todos los días está ahora en los verificentros, empresas privadas (con responsabilidad pública) que en apenas unos meses han cobrado fama por su corrupción, donde el “brinco” para “pasar” la verificación es una fea realidad. Un retroceso en la urbe del derecho y los derechos.
La reforma política de la capital vende expectativas altas. La racionalidad, coherencia, rigor, transparencia, profesionalismo y resultados son demandas crecientes, presentes. Con o sin cambios de nombre, logotipos o discursos.
Este artículo fue publicado en La Razón el 07 de Enero de 2016, agradecemos a Carlos Urdiales su autorización para publicarlo en nuestra página
