Es muy endeble la versión del gobernador de Quintana Roo en su intento de alejar la sombra del narcotráfico de la balacera que mató a tres extranjeros y dos mexicanos e hirió a 15 más, en una discoteca en el epicentro del turismo en México: “Fue un asunto entre dos particulares”.
¡Por favor! Una trifulca entre particulares no provoca cinco muertos y 15 heridos. Se disparan entre ellos y punto. Si fue así, entonces Carlos Joaquín tendría ya los nombres de los implicados, porque los particulares no tienen los mecanismos de impunidad para ocultarse que tienen los narcotraficantes.
Porque, para qué jugar con las palabras: lo que ocurrió en la discoteca Blue Parrot, a unos pasos de la Quinta Avenida de Playa del Carmen, fue un episodio de la lucha entre cárteles del crimen organizado por apoderase de la plaza, lo cual pone fin a cinco años de paz y tranquilidad en Cancún y Playa del Carmen.
El actual gobernador ha gastado los primeros 120 días en culpar hasta de que haya más mosquitos a la administración pasada, en lugar de dedicarse a mantener la gobernabilidad que, es innegable, se registró en Quintana Roo durante los pasados cinco años.
No olvidemos que durante la administración de Greg Sánchez (2008 y 2010) en Benito Juárez, donde se encuentra Cancún, eran comunes las guerras entre cárteles y las cabezas cercenadas empaladas en la vía pública. Sin embargo, aquello acabó en el último lustro.
Ayer mismo, por ejemplo, un empresario de dulcerías de Playa del Carmen recibió llamadas de extorsión, lo cual es pan de cada día desde hace tres meses allí y en Cancún, los polos turísticos que jalan la carreta del turismo en México y convirtieron al país en el noveno más visitado del mundo.
La noche del 27 de noviembre pasado, un sicario ejecutó en la puerta de la disco Mandala a Juan Caamal, cadenero del lugar, y a Manuel de los Santos, jefe de meseros, e hirió a un tercer empleado del lugar: fue el inicio de una ola de violencia que registra más de sesenta ejecutados.
Y, tan sólo a comienzos de diciembre, seis hombres fueron levantados en Cancún: uno apareció descuartizado en Puerto Morelos y otro murió en el hospital debido al estallido de vísceras provocado por la tortura; dos más fueron liberados y los otros permanecen desaparecidos.
El gobierno actual tiene planes sociales para combatir la violencia, pero son insuficientes las buenas intenciones: está en juego la zona turística que acoge a 18 millones de los 23 millones de turistas que visitan el país. Es la perla de la corona en la economía nacional.
Ojalá Carlos Joaquín mida de una vez el tamaño de su responsabilidad como gobernador.
