Y dale con la alianza PAN-PRD

El PRD perdió, tras el pésimo resultado en las pasadas intermedias, su última oportunidad para transformarse en partido con proyecto de izquierda y abierto a las variadas manifestaciones de la sociedad, tipo socialdemocracia europea.

En las elecciones del 7 de junio el PRD resultó el gran perdedor: su votación se redujo en 300 mil sufragios respecto a la elección intermedia pasada, pues de 12.20 por ciento pasó a 10.83 y tendrá 56 curules en la Cámara de Diputados.

Más todavía: en nueve años los partidos de izquierda en la Cámara de Diputados perdieron 38 curules y casi ocho por ciento de representación; mientras el PRI y sus aliados ganaron en el mismo periodo 128 diputaciones, y casi el 26 por ciento del total de curules.

¿Cuál ha sido la reacción del PRD ante este panorama adverso? Acomplejarse y negarse a realizar una revisión porque le dirían “revisionista” y a hacer una autocrítica porque la tildarían de “inhibida”. Optó por el gatopardismo.

Los Chuchos, dueños de la franquicia, decidieron ceder la jefatura nominal y entregarla a alguien decidido por ellos, Agustín Basave; cambiaron hasta los estatutos para ungirlo pronto: para ser dirigente nacional ya no hay que tener dos años de militancia y no haber ocupado cargo de elección popular.

Además, reactivaron las alianzas con el PAN para las elecciones de 2016, en la aceptación tácita de que la ideología es un pasatiempo y que solos no pueden ganar, como sucedió en la pasada intermedia. Pero justo el tema de las alianzas abrió el más reciente y definitivo boquete al partido.

Porque provocó el alejamiento de dos de sus figuras más representativas del momento: los senadores Miguel Barbosa y Armando Ríos Piter, quienes creen que el PRD no debe integrar coaliciones con el PAN. “El costo sería su desdibujamiento absoluto como partido de izquierda”, apunta Barbosa.

¿Pueden gobernar juntos dos partidos cuyos estatutos son agua y aceite? No. Por lo pronto no pudieron donde ganaron en 2009 en alianza: Oaxaca, Puebla y Sinaloa, en ninguno de los cuales el PRD consiguió influir para introducir sus programas.

Porque, por descafeinado que se encuentre el PRD, de cualquier modo es una incongruencia. ¿A ver si no?:

—El PRD, según su Declaración de Principios, “no impone una moral pública ni sanciona la vida privada de las personas sin importar género u orientación sexual”. El PAN buscó en la Corte anular las reformas que permiten en el DF casarse a personas del mismo sexo.

—El PRD legalizó la interrupción del embarazo en el DF. Los estatutos del PAN dicen: “la vida del ser humano debe protegerse y respetarse desde la concepción hasta la muerte natural”.

Ahí van, sólo por ahora…

Dos botones de muestra.

 


 

Este artículo fue publicado en La Razón el 25 de Septiembre de 2015, agradecemos a Rubén Cortés su autorización para publicarlo en nuestra página

 

 

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