Las once mil vergas

Yo, con Las once mil vergas

Las once mil vergas
Helmut Newton, Study for voyeurism, Los Angeles, 1989

Creo que vale la pena reivindicar Las once mil vergas, Pantaleón y las visitadoras, Memoria de mis putas tristes, Lolita y Las edades de Lulú, entre otras novelas como Justine o Los infortunios de la virtud. También a “Taxi Driver”, “Chinatown”, “La bestia”, “Ese oscuro objeto del deseo”, “”, “Pretty Baby” y “El Imperio de los sentidos”, entre otras cintas, además de casi todas las de Tinto Brass. Ah, y me arrodilló frente a putas como Ayako (Osaka Elegy), divago en “Las noches de Cabiria”, camino con la complaciente Roco o tomo la mano de Nana para invitarla a la dirección correcta, y adentrarme lo más al fondo posible con Severine y La venus negra, quienes nunca pudieron y qué bueno, saciar los apetitos de la carne.

Vale la pena reivindicar apenas un pedacito de tantas palabras e imágenes inagotables, digo, pero no por hacerse el iconoclasta frente al dictado de lo políticamente correcto sino para hacer con nosotros la creatividad literaria y cinematográfica y de ñapa reír de buena parte de los ignorantes que ostentan la política correcta.

Autor

Scroll al inicio