Damos una vista a los pliegos de este número 109 minutos antes de imprimirse. Sabemos bien que en la mar de símbolos en que navegamos faltaron otros tantos que los editores no consideramos y que los articulistas desestimaron. Acaso Marilyn Monroe ha dejado de ser un símbolo sexual, por ejemplo, y ahora estas nuevas generaciones lo encuentran en otras mujeres que ni mencionamos porque, al menos para nosotros, comparar a la actriz con alguna otra nos parece sacrílego. Aunque quizá en estos tiempos un símbolo sexual como el de antaño ya no corresponda con el contexto que originó a Monroe o a otras más como Briggite Bardot, dado que la sexualidad ya no está sometida a los viejos prejuicios y, entonces, ya no se requiere la impronta de lo que entonces supuso la liberación en ese contexto. Incluso para el remanzo que toda revista requiere, pudimos desplegar mucho más sobre los símbolos de la liberación femenina y la equidad degénero.
Faltó, también, el símbolo de la paz que se hizo famoso en los años 60, cuando eso que se llamó Guerra Fría tuvo en tensión al mundo por la posibilidad de una conflagración a escala planetaria, así lo advertía la intromisión estadounidense en Cuba y la invasión militar a Vietnam, de la que, por cierto, surgió otro símbolo, el de Kim Phuc, aquella niña tan delgada que, el 8 de junio de 1972, corrió desnuda en
una aldea cerca de Saigón, llorando porque el napalm le quemaba la espalda. Sí, no está aquí aquel símbolo que fue también bandera hippie junto con toda su sicodelia ni tampoco el de la paloma que también representa la paz, ahora lo más parecido a un ave lo vemos al lado de la palabra twitter dentro del universo del ciberespacio donde también se observan iconos que expresan estados de ánimo o símbolos ya consolidados como el globo que enmarca a Wikipedia. En cambio, en una mezcla de nostalgia y extravío de referentes, están aquí los símbolos que concentraron los sueños de una alternativa al capitalismo y que fueron rotos quizá para siempre, pero no hay alusión alguna a los entonces famosos Águila Imperial y el Tío Sam, destacadas imágenes de la intromisión política y militar de Estados Unidos en diversos países. Y ahora que hablamos de poderíos que pisotean las democracias, en el contexto mexicano dejamos de referimos al símbolo de Televisa. Sin duda el mundo es distinto al de apenas ayer, que generó tantos símbolos sobre la base del esfuerzo colectivo que intentó un orden distinto. En el plano postmoderno, ahora éste se azuza, por ejemplo, a través de la moda que genera sus propios símbolos y aquí nuestra revisión no fue tan exhaustiva como para desentrañar la búsqueda de identidad que ahora existe através de la ropa, por ejemplo los jeans yen particular Levis, o describir las nuevas metas para forjar al cuerpo, que delimitan valores y patrones de conducta del ser individual. Vamos, en se orden, esta vez ni siquiera mencionamos al camello, ese al que dedicamos varias páginas en anteriores números ni al vaquero del mundo de otros cigarros. Tampoco recuperamos la tradición en esta revista que ha revisado los símbolos que desde el mundo del cómic se elaboran, desde los clásicos Superman y Batman hasta los que hoy día tienen atentos a millones de jóvenes. Por cierto, tampoco dedicamos unas líneas a Mario Bros, que nació en 1983 y que ahora es un icono en el mundo de los videojuegos.
En el ámbito deportivo no contemplamos los aros olímpicos o el balón de futbol soccer, ni la paloma de Nike o la estrella de Converse. En el terreno de las computadoras e Internet dejamos de revisar la “F” de Facebook o la “G” de Google o la bandera de Windows o los muñequitos del chat o la manzana de una marca que ha hecho historia, sobre todo en el área del diseño.
El único consuelo que nos queda es que el 99% de esos temas ya los abordamos durante el presente año, por lo que, entonces, lo invitamos a usted a revisar los números anteriores