Todo por lana

Son dos preguntas sencillas:


1.- ¿Tiene sentido ético que permanezcan en el PRD los senadores que renunciaron para trabajar con otro partido?


2.- ¿Tiene asidero en la integridad política que permanezcan en el PRD los senadores que renunciaron para trabajar con otro partido?


Pues no.


Eso nos lleva al dinero como la razón absoluta, exclusiva, del aferramiento de Miguel Barbosa a la jefatura de la bancada, pese a que ya trabaja para AMLO, el candidato presidencial de Morena; así como de ocho senadores que también hacen campaña por AMLO y dos que andan por su cuenta.


Fue por eso que, ayer, acompañaron a Barbosa en su road show casi todos los senadores que renunciaron al PRD o están en el proceso de hacerlo, como Iris Vianey, Alejandro Encinas, Benjamín Robles, Fidel Demédicis, Rabindranath Salazar, Zoé Robledo y Mario Delgado.


Porque el líder del PRD en el Senado maneja al año una bolsa de 119 millones de pesos en gastos para operación de la bancada, lo que le permite el control de ese dinero, que reparte entre los integrantes del grupo parlamentario con base en los acuerdos que tome con ellos.


Según el Senado, esos 119 millones de pesos no incluyen los sueldos, prestaciones ni apoyos que recibe cada senador, que son 74 millones de pesos. A las bancadas se les asigna cada año dinero para operación política de acuerdo con la cantidad de escaños que ocupen.


Es decir, por el solo hecho de ser senadores, éstos no reciben ninguna prerrogativa extra a sueldos, prestaciones ni apoyos para operación política. El dinero extra les llega por ser presidentes de alguna comisión… y Barbosa logró que sus 19 senadores lo fueran.


Por ser presidente de comisión son 200 mil pesos más, y por ser secretario de una comisión son 100 mil. Así que por eso ayer se comportaron como una feligresía en el road show de Barbosa: quieren asegurarse esos 200 mil pesos. Por lo visto, todo se soporta menos una patada en la bolsa.


Y el Senado tiene un presupuesto anual para los grupos parlamentarios y se distribuye respecto al número de sus integrantes, además de que el reglamento impide la creación de un nuevo grupo parlamentario después del arranque de la legislatura. Entonces, volvemos al origen: todo es por la lana.


Es vergonzoso, porque se la pasan hablando de sangrías al presupuesto y de “una dinámica del uso de dinero público para beneficio propio”, cuando en verdad luchan por permanecer en un grupo parlamentario, sin defender las posturas de éste, sólo por no perder 200 mil pesos mensuales.


Ellos, que quizá en algún momento leyeron a Carlos Marx, repiten seguramente: “Senadores perredistas de todas las tribus, uníos…”


…por 200 mil pesos del erario.



Este artículo fue publicado en La Razón el 9 de marzo de 2017, agradecemos a Rubén Cortés su autorización para publicarlo en nuestra página.

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