Enojos y efectos inmediatos por razones añejas, teorías neoliberales excelsas en lo técnico pero carentes de sensibilidad nacional, histórica y social. El gasolinazo de año nuevo marcará el año que inicia y el sexenio que termina.
Cuando Felipe Calderón fue presidente, la expresión “gasolinazo” se hizo cotidiana por los incrementos mensuales de manera programada para reducir ese subsidio necesario producto de importar más y refinar menos.
Hoy ese diferencial se aniquiló de golpe y porrazo, si el petróleo sube de precio, si el dólar se cotiza al alza, si el margen comercial requiere incrementarse, si los costos de almacenamiento y distribución son altos, igual será la etiqueta que paguemos en cada recarga de combustible.
Los argumentos oficiales son ciertos, pero cortoplacistas, explican el gasolinazo aunque ello en nada alivia enojos, angustias, presiones inflacionarias y devaluaciones políticas.
A mediados de los años 70 los “economistas” concibieron políticas sólidas en materia financiera, unos más liberales que otros, a todos los encasillaron como tecnócratas, no más abogados como directores de la orquesta nacional.
Fueron escalando hacia la cúspide del poder y junto con ellos algunas ideas tan duras como aquella de Miguel Mancera Aguayo, quien luego sería gobernador del Banco de México, quien dijo que era más barato importar maíz que producirlo, sin considerar otras variables que también cuentan, la idiosincrasia y la historia misma.
El maíz como base de nuestra historia hoy es insumo de importación y el petróleo, como mantra nacionalista, también pierde sentido. Variables no económicas, pero imprescindibles a la hora de gobernar.
De aquella línea economicista salió Ernesto Zedillo, presidente por default que acabó con una, hasta entonces, refinación de gasolinas suficiente para el abasto nacional. Comenzaron las importaciones. Y los subsidios.
Las 5 refinerías de Pemex se hicieron obsoletas, se quisieron reconfigurar y las asaltaron los corruptos. Se quiso construir una nueva y nos chamaquearon hasta con los terrenos de Tula.
Cuando razones ambientalistas ordenaron cerrar el complejo de Azcapotzalco en la CDMX, se prometieron trenes de refinación en Salina Cruz y Minatitlán, Pemex se asoció con Shell para refinar en Deer Park, Texas, gasolinas de alto octanaje para las cuales no había capacidad en México.
Y siguió sin haberla, ni cuando el boom en los petroprecios llenaron las arcas en época de Fox, abundancia regalada a virreyes estatales y luego canalizada a la guerra contra el crimen. ¿Y de fortalecer a Pemex? Nada.
Cuando el PRI bloqueó la reforma energética de Calderón, los nombres estratégicos para tal cosa están asociados con el hoy Presidente Peña Nieto, quien entonces como gobernador se opuso a esa reforma.
Luego vinieron el pacto y el paquete de reformas diseñadas por pocas mentes y pocas consultas. En 2012 la gasolina magna costaba 10.70 pesos, hoy cuesta 16 con 33 centavos. Hay más antecedentes que explican el incendio de hoy. Continuaremos en próximas entregas.
