Nadie puede decir que el discurso de posesión de Donald Trump fue enteramente sorprendente. En realidad, en sus 1.400 palabras puede haber encapsulado bien tanto los anhelos de sus seguidores como los temores de sus críticos.
Nadie esperaba un discurso poético como el de la posesión de John F. Kennedy, aquel que inmortalizó la frase de "no preguntes qué puede hacer tu país por ti, sino qué puedes hacer tú por tu país".
Los que votaron por Trump querían una invocación al cambio, sin adornos ni arandelas. De rechazo y de furia contra la clase dirigente. Y de nacionalismo agresivo.
Y eso fue lo que presentó el discurso del nuevo mandatario, quien aseguró que de ahora en adelante, el mundo entero tendrá que aceptar que es "Estados Unidos primero".
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