El peligro de encontrarnos en medio de una tempestad de contagios con un sistema de salud famélico por los ‘ahorros’ y descabezado, no es culpa del subsecretario López-Gatell sino del presidente López Obrador.
López Obrador puso a un médico amigo de la familia presidencial al frente de la Secretaría de Salud.
Nombró como titular de la Cofepris (un verdadero tapón para la distribución de medicamentos) a un arqueólogo que trabó amistad con él cuando trabajaba en las ruinas de Comalcalco.
Ordenó ahorros inhumanos, que desprotegieron a personal médico y a hospitales, para invertir en caprichos petroleros.
El responsable de todo ello se llama López Obrador, y no López-Gatell, quien obedece órdenes y justifica de manera penosa la desubicación de su jefe.
Ahí se equivocó mi amigo Javier Alatorre, pero no mucho más.
El conductor estelar de TV Azteca (empresa en la que he colaborado por más de 18 años) acertó al decir que no había que creerle al encargado de combatir la pandemia, porque ha mentido de manera recurrente e irresponsable.
De haber hecho caso, al pie de la letra, al subsecretario, una buena parte de la población estaría muerta o en terapia intensiva.
López-Gatell se ha dejado seducir por el canto de sirenas políticas y se desvive por agradar al Presidente, que es el responsable de las decisiones finales en salud, materia que cree dominar como un galeno.
Imposible no coincidir con Alatorre, pues acatar algunas recomendaciones del subsecretario implica arriesgar la vida.
Desde luego que es necesario el aislamiento social para atenuar la parte álgida de la pandemia, pues no cabe discutir si la economía está por encima de la vida humana.
Sin embargo no hay que obedecer al subsecretario López-Gatell cuando dice que el Presidente no tiene fuerza de contagio. Le justificó mítines multitudinarios y abrazos a diestra y siniestra en plena crisis.
Ni de chiste hacerle caso al funcionario con payasadas norcoreanas que endiosan al primer mandatario, quién sabe con qué fines.
Hay que desobedecer al encargado de combatir la pandemia cuando nos dice que los cubrebocas no sirven. Miente. Se lo dice el mundo. Y lo hace para salvarle la cara a los ahorros y reacciones tardías de su jefe, el otro López.
Una desgracia ha sido hacerle caso a López-Gatell en la no aplicación de pruebas rápidas de Covid-19.
Los 50 mil estudios que se han hecho es por personas que llegan con malestar, pero no por un mapeo hecho por las autoridades de Salud para detección temprana de focos de contagio.
López-Gatell prohibió, en días clave, que hospitales privados realizaran pruebas de Covid-19, para estar en sintonía con su jefe y minimizar el avance de la pandemia.
El 16 de marzo la Organización Mundial de la Salud pidió a los países que hicieran la mayor cantidad posible de pruebas de Covid-19 para detectar casos en su primera etapa, y tres días más tarde el subsecretario dijo que no servían esas pruebas.
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