Una de las reacciones que ha provocado el coronavirus es que los estados y los municipios hayan pasado a la ofensiva y en lugar de esperar estén decidiendo por ellos mismos.
Si alguien sabe cuál es el verdadero estado de las cosas debieran ser los gobernadores y alcaldes. Ellas y ellos conocen a detalle cómo se va extendiendo la pandemia y saben también los muchos problemas que tienen ante ella.
El hecho ha provocado un debate sobre un asunto histórico. Nos referimos a los presupuestos y a los manejos de los dineros tanto en la Federación como en cada uno de los estados.
Muy difícilmente se cumple con los criterios del manejo de los presupuestos, más bien se echan a andar las maquinarias; si bien para atender las grandes demandas que tienen los gobiernos, también para mover discrecionalmente el dinero.
A esto, sumemos las grandes cantidades que se mandan desde los estados a la Federación, lo cual está siendo una de las críticas de algunos gobernadores. Si se ven a detalle los números queda claro que los estados le otorgan un buen dinero al Gobierno federal que, al final, no alcanzan a ver ni remotamente de regreso.
Las críticas de algunos gobiernos del norte del país tienen que ver con esto. Dicen que no les alcanza, pero aceptando que esto es cierto, también es necesario considerar la forma en que cada gobierno gasta los dineros, sea mucho o poco se presentan muchos problemas precisamente por ello.
Si el dinero era para los hospitales, pero resulta que por las razones que se quiera, se utiliza para otra cosa, el problema tarde que temprano recaerá, sin soslayar los altos niveles de corrupción, en el sector salud. Las irregularidades terminan por afectar al presupuesto y a la gobernabilidad; la ASF reconoció hace unos días este problema en los estados.
Cabe la exigencia de mejores redistribuciones para los gobiernos estatales, pero también urge un orden y disciplina presupuestaria, lo cual pasa evidentemente por los municipios.
Teniendo en el centro al coronavirus todo termina por agudizarse, debido a la no inversión en sectores como el de la salud, lo cual estamos viendo coloca a los ciudadanos entre la vida y la muerte. Está siendo muy difícil resolver los problemas, porque no se tienen estructuras sin perder de vista que en muchos casos el dinero originalmente era para atender en todos sus ámbitos al sector salud.
El problema fue y es lo que han estado haciendo con los presupuestos que originalmente estaban destinados al sector salud.
De nuevo se nos viene encima un pasado de un brutal desarrollo desigual que hoy nos está cobrando la cuenta en el área más sensible que lo podría hacer, la salud.
Se han entregado hospitales sin camas, hospitales que se quedaron a la mitad de su construcción, bajos salarios a grandes y destacados especialistas, desatención a la ciencia, todo lo cual hoy nos está explotando en la cara.
Uno de los efectos que se podrían presentar a partir del Covid-19 es que se discuta y quizá se redefina el pacto federal. Es probable que estemos en el preámbulo de una tendencia que lleve a la descentralización del país, los estados ya empiezan a buscar una relación distinta con el centro en todos los sentidos.
La crisis por el coronavirus tiene a muchos estados bajo condiciones brutalmente adversas, al tiempo que están desprotegidos. Al menos los gobernadores de Nuevo León, Tamaulipas, Coahuila, Chihuahua, Jalisco y Michoacán han planteado críticas al modelo del Gobierno para enfrentar el Covid-19.
Quizá estemos en el preámbulo de rebelión de los estados, que más que tener que ver con el actual Gobierno, tiene que ver con décadas vividas y padecidas.
RESQUICIOS.
El Presidente tendrá razones para atemperar los ánimos con sus “amigos”, después de que entre el conductor de noticias y el dueño arremetieron contra el afamado vocero. Lo que no creemos es que el debate tenga que ver con la libertad de expresión, no va por ahí.
Este artículo fue publicado en La Razón el 21 de abril de 2020, agradecemos a Javier Solórzano su autorización para publicarlo en nuestra página.
