El salvaje canibalismo del PRD

Nada glorioso resulta el reforzamiento de los perredistas a su sempiterna costumbre de comerse entre ellos y a los otros: Graco Ramírez y Silvano Aureoles abrieron un frente antiMancera, para impedir que el Jefe de Gobierno sea candidato presidencial de su partido, del cual no es militante.


Nada glorioso, pues los gobernadores de Morelos y de Michoacán, principales críticos de que Mancera juegue por el PRD sin ser militante, se hicieron acompañar en la apertura del frente antiMancera de su colega de Quintana Roo… quien tampoco es militante del PRD.


El antimancerismo público de Ramírez y Aureoles no ayudó a ninguno, ni siquiera en el partido al que pidieron “piso parejo” para que el elegido no sea Mancera, sino uno de ellos dos, aun cuando, si esto ocurriese, el que no fuera beneficiado también se lanzaría contra el otro: así es en el PRD.


Vamos, su propia bancada en el Senado los calificó de “chiquitos” por pelear un espacio aún no construido frente a la militancia ni a la ciudadanía y que deberían construir en lugar de “estar jalándose la cobija”, según el senador Armando Ríos Piter.


En un razonamiento anterior al galopante descrédito de los partidos, el frente antiMancera de Ramírez y Aureoles tendría lógica en el sentido de llevarse la candidatura presidencial del partido. Sólo que los últimos meses demostraron que lo mejor para un político es alejarse de los partidos.


De ahí que la dialéctica de Mancera sea, en cambio, la más indicada para el momento actual: construir un proyecto político frente a la elección presidencial y sumar fuerzas a un proyecto ciudadano donde los partidos políticos son sólo vehículos de apoyo.


Pero Ramírez y Aureoles lo ven en una lógica vieja, que se vuelve más vieja sabiendo, como se sabe, que el PRD no pasa del seis por ciento en la intención de voto, aunque la idea de ambos sea legítima, tanto en la aspiración personal como en la oposición, a que los abandere un candidato externo.


Con alguno de ellos dos el PRD tendría un candidato común. Sin embargo, con Mancera tendría un candidato novedoso porque encabezaría un proyecto ciudadano, en el que los partidos (en este caso PRD, PT y MC) funcionarían únicamente como catalizadores.


Mancera comprendió que vivimos en una era pospartidista y que los proyectos políticos actuales tienen que partir de una convocatoria a la ciudadanía, en la que los partidos mantienen importancia, pero fungiendo como medios para mover lo que las candidaturas apartidistas construyan.


Además, Mancera es el político de la izquierda moderada con mejor aprobación, al pasar de 33 a 39 por ciento en la más reciente encuesta de Buendía y Laredo.


Sin afiliarse al PRD.


Y sin falta que le haya hecho.



 


Este artículo fue publicado en La Razón el 23 de noviembre de 2016, agradecemos a Rubén Cortés su autorización para publicarlo en nuestra página.

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