
“Puedes ignorar la realidad, pero no puedes ignorar las consecuencias de haber ignorado la realidad”.
Ayn Rand
INE, TRIFE, INAI = Defensa de la democracia.
Sus propias palabras retratan la actual situación política, neurálgica para nuestra democracia, e incluso para la mismísima 4T: “Ejerceré el cargo de presidente de la SCJN y del CJF por el periodo para el cual fui electo por mis pares y estaré a la determinación de la SCJN respecto del precepto en cuestión. Reitero que seguiré cumpliendo con mi compromiso con la justicia que he defendido durante toda mi trayectoria”.
Arturo Zaldívar Lelo de Larrea, actual presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, responde mal al reto que le impusieron ambas cámaras legislativas para que se amplíe su mandato por dos años más, abriendo un peligroso compás de espera porque parece contradecir –como se ha escrito y difundido por todos los medios– la norma constitucional establecida en el artículo 97; que a la letra sentencia en su párrafo cuarto:
“Cada cuatro años, el Pleno elegirá de entre sus miembros al presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, el cual no podrá ser reelecto para el período inmediato posterior”.
Pero el presidente de la República y la 4T tienen especial vocación por los giros que dan la vuelta a las cosas y terminan por tergiversar el punto de discusión. Cuando se conoció la argucia de incluir en un artículo transitorio de la ley que reforma componentes fundamentales del Poder Judicial, y se señaló que la ampliación de mandato del ministro presidente resulta inconstitucional, el presidente López Obrador espetó en su conferencia mañanera: “Yo creo que no es inconstitucional”. Lo expresó con su desparpajo habitual. (Recordé la frase de un maestro de la secundaria: “no hay persona que hable con más seguridad que un ignorante total”.)
Arturo Zaldívar parece haberse contagiado del virus de la simulación, pues se guía por la fórmula elusiva del “sí, pero no; no, pero sí”. Y como deja en suspenso cuál será su decisión, recuerda esa aseveración del taxista al que se le pregunta si cree que Morena perderá las próximas elecciones: “Puede que sí, puede que no; lo más seguro es que quién sabe”.
Lo cierto es que el enredo que metió el presidente López Obrador al promover y defender esa sospechosísima norma de ampliación de mandato del presidente de la Corte, entraña una serie de paradojas que, si no tuvieran las consecuencias trágicas que se avizoran, serían objeto de análisis lógico y de estudio psicológico muy interesantes.
Enumero algunas paradojas y conflictos normativos que presenta el caso.
- Error categorial. De cumplirse la modificación radical del mandato constitucional que impone que el presidente de la Corte sea electo por sus co-ministros por un periodo de cuatro años sin posibilidad de reelección, con ello se estaría dando la vuelta –en realidad, se estaría simulando un cambio de términos conceptuales– y tergiversado peligrosamente las nociones de “no reelección” por el de “ampliación de mandato”. No es más que semántica, resumirán algunos adherentes a la 4T.
- Aberración normativa. Como se sabe, una ley –cualquier ley– tiene la característica de ser general; o sea, que no se crea una ley para favorecer (o perjudicar) a una persona en particular. De llevarse a cabo el mencionado transitorio, se habría generado una norma para beneficio de una persona (Zaldívar). Cínicamente se admite, pero bajo la justificación de que solo él es honesto (y, por relación complementaria, los otros ministros no).
- Paradoja de la función. Algunos nos preguntamos por qué el Ministro Presidente no tomó una decisión al respecto. Hoy es un juego de espejos, simulaciones y entraña una paradoja que ha estudiado la lógica, además de tener vigencia en la obra de teatro de uno de nuestros mejores dramaturgos.
De lo pintado a lo vivo, hay cien leguas de camino
Por lo común, no cometemos en la vida cotidiana errores categoriales, puesto que no confundimos ni mezclamos nombres de realidades distintas y no decimos que Vicente Fernández es un número primo (aunque muchos apunten que es el “número uno” de la canción ranchera, lo cual en buen español no significa que él sea un número). Las metáforas son frecuentes –y hasta cierto punto inevitables– en nuestro lenguaje ordinario y por eso hablamos de que “la marea crece” o incluso que “la economía crecerá este año”, cuando el verbo “crecer” se emplea en estos contextos de una manera figurada, como señalan los diccionarios.
Se llama error categorial cuando se incurre en una determinada cuestión que recibe una respuesta de un tipo lógico o nivel distinto al requerido. Según Gilbert Ryle, se comete esta clase de error cuando se unen conceptos que pertenecen a categorías distintas. La categoría se entiende aquí como clasificación lógica de los conceptos. Es un error reunir conceptos por conjunción al añadir, sumar, dos cosas que no pertenecen a la misma categoría; por ejemplo, sugerir que “Los Simpson viven”, queriendo decir que ‘Homero Simpson vive’, y ‘Lisa Simpson vive’, y ‘Bart Simpson vive’, y … En realidad, un personaje de caricaturas (como cualquier personaje de ficción) no tiene existencia como una planta o un gato; simplemente no viven. Como metáfora, vale. Pero nada más. Nuestro conocimiento de la lengua nos permite crear similitudes y a la vez hacer diferencias entre realidades (en principio) inconfundibles. Aunque cuando uno ve lo que se hace en el gobierno, se pregunta si el lenguaje se fue de vacaciones, y con ello la lógica.
En la literatura, en la ficción cinematográfica, un ser humano se convierte en cucaracha o se funde con una araña y adopta poderes extraordinarios, entremezclados con categorías biológicas (especies) completamente diferentes. Aunque, hay que decirlo, en los delirios del esquizofrénico suelen estar unidos y confundidos órdenes de realidad incompatibles. No pretendo de ninguna manera sugerir ni siquiera pensar que el discurso gubernamental sea esquizofrénico. ¿Qué datos se tendrían al respecto?
Semántica resbaladiza, o cuidado con el golpe de realidad
El principio de “no reelección” y la fórmula de “ampliación de mandato” corresponden a órdenes tan distintos como la esfera mineral y la animal. Las nociones de elección y la de ser electo corresponden, en el contexto normativo que nos referimos, a un acto o mecanismo jurídico por medio del cual (en los procesos electorales) la ciudadanía expresa su voluntad y elige a sus representantes. La selección periódica de los gobernantes por la ciudadanía constituye la base de la democracia. Hay Estados que admiten la reelección, ya sea de manera limitada (como en Estados Unidos), ya sea de manera prácticamente ilimitada (la Rusia de Putin), y otros como el nuestro que se basan en el lema de ‘sufragio efectivo, no reelección’.
Para el México contemporáneo, la no-reelección ha sido un mecanismo de estabilidad política y un medio para impedir la concentración prolongada de poder en personas o grupos. Ambas cosas han estado correlacionadas y son inherentes a nuestro sistema democrático.
En una acepción más general, el DRA señala que la elección significa la emisión de votos para designar cargos políticos o de otra naturaleza. Como hemos reiterado, nuestra Constitución establece que el presidente de la Suprema Corte será electo por sus pares por un periodo de cuatro años y sin posibilidad de reelección inmediatamente posterior. Es una norma expresa, no da lugar a interpretación. El plazo de Zaldívar vence el año que viene, pero la nueva medida lo dejaría al frente del tribunal hasta 2024, el mismo año en que termina el sexenio de Andrés Manuel López Obrador. Seguramente es una mera coincidencia, un azar impensado.
Ampliación no es reelección. ¡Sí, claro!, ¿y tu nieve de limón?
La fórmula “extender”, “ampliar” un mandato, tiene una definición parecida a cuando nos dicen que se “amplió el plazo para pagar la tenencia”. Por supuesto –y ahí está el detalle–, la extensión del encargo del presidente de la SCJN no implica elección (si se respeta al menos el lenguaje español); incluso, queda completamente abierta –y ahí está el truco– la posibilidad de que esa extensión se haga por ley y no por votación, como manda la ley constitucional. Con todo esto, los ministros han quedado completamente fuera de una facultad de autonomía normativa que tienen y se les quiere truncar, así nomás, por la voluntad del Poder Ejecutivo (en complicidad con el Legislativo).
Solo quienes, de mala fe, o por ignorancia, quieren desconocer la arquitectura constitucional, pueden cometer semejante audacia de inconstitucionalidad, que traduce un error o una falacia categorial y así –pretender– engañarnos… ¿con el fin de establecer el precedente…?… ¿para…? Es aquí donde se abre un peligroso margen para hacer normas ad hoc.
Generalidad de la ley y hacerse el desentendido
Se sabe que toda norma jurídica –y más si es suprema– debe ser, necesariamente, general. Las leyes deben ser generales porque deben ser aplicables a todos los individuos, sin excepciones. Es así como los supuestos de la ley (hechos, actos, situaciones) valen para todos los individuos sin especificaciones ni distinciones particulares. El supuesto establece una condición común que tiene la misma fuerza obligatoria para todos. Las leyes son impersonales, ya que han sido creadas para ser aplicadas a un grupo indeterminado de sujetos y no a una sola persona. Son abstractas porque se aplican en todos los casos, lo que implica un número de casos no establecido ni particularizado.
(Fuente: https://concepto.de/ley/#ixzz6tEpb8rwe).
Resulta entonces que el malhadado transitorio hace una norma que, siendo particular, personal y concreta, contradice el significado y sentido de las leyes. Y como se trata de una ley constitucional la que regula la elección del ministro presidente, debe ser la mismísima SCJN la que tiene que mostrar esta aberración que, como tal aberración, no resulta producto de la ignorancia, sino de la mala fe.
¿Para qué ha montado semejante show el presidente Obrador? Carlos Loret de Mola ha lanzado en su columna de El Universal la hipótesis de que el cambio de nomenclatura y la búsqueda de excepciones que le dan la vuelta a la ley, bien puede ser una manera de anticipar que el Presidente no se reelija (pues eso implicaría concurrir a elecciones) sino que, por la pandemia, solo se amplíe su mandato. ¿Hasta cuándo? Fidel Velázquez vivió muchos años y cuando le preguntaban cuándo se retira don Fidel, sonreía, socarrón, y declaraba “ya pronto, ya pronto”. Las mañas se transmiten de generación en generación.
Y ahora, para ustedes, la paradoja del barbero
En un lejano pueblo de un antiguo emirato había un barbero que se llamaba As-Samet, diestro en afeitar cabezas y barbas, maestro en escamondar pies y en poner sanguijuelas. Un día, el emir se dio cuenta de que había pocos barberos en el emirato por lo que ordenó que los barberos solo afeitaran a aquellas personas que no pudieran afeitarse. De este modo, obligó a todo el mundo a afeitarse. Cierto día, el emir convocó a As-Samet para que lo afeitara y este le contó sus angustias:
-En mi pueblo soy el único barbero. No puedo afeitar al barbero de mi pueblo puesto que soy yo; y puesto que, si lo hago, yo que puedo afeitarme por mí mismo, estaré incumpliendo la orden. Sin embargo, si no me afeito, entonces algún barbero debería afeitarme, pero como no hay otro barbero, no puedo hacerlo y también os desobedecería.
¿Qué puede hacer nuestro pobre barbero para hacer desaparecer sus barbas? La verdad que está en una situación realmente complicada. Tan complicada, que envuelve una paradoja y no tiene solución. El filósofo y matemático Bertrand Russell estudió, divertido y didáctico, la anterior paradoja que traduce una paradoja de la teoría de conjuntos. Así que Russell planteó en 1901 que el barbero ni es miembro del conjunto ni no miembro del conjunto.
¿A qué viene todo esto y qué relación tiene con el tema actual del magistrado Zaldívar?
La analogía es esta: para la 4T la ley no es la ley, ni deja de ser la ley. Zaldívar es miembro de la SCJN, pero no es miembro de la SCJN. ¿Parece demencial? Sí, lo es. Zaldívar ha dicho que, si el asunto llega a la Corte, él se excusaría de participar en el desahogo de la litis. Algo así como que Zaldívar no es Zaldívar. El ministro no es el ministro. Y es que ha dicho que “cualquiera que sea la solución”, él esperará para tomar su decisión.
No hay nada nuevo bajo el sol. La obra del Rodolfo Usigli, El gesticulador, ya había retratado los efectos de una suplantación de personalidad (él es y no es él) y los vicios de simulación de la política mexicana que dan cobijo y reproducen las apariencias y engañifas de todo tipo.
Lo malo de todo esto es que hay un empeño decidido en Palacio Nacional de convertir la irrealidad en realidad, y la realidad en irrealidad.

