No llevaban joyas, ni dinero, ni tarjetas de crédito. No dejaban que sus hijos salieran solos a la calle, ni salían a caminar después de las ocho de la noche. Le tenían terror a los cajeros automáticos: afirmaban que ahí era en donde más fácilmente podían ser detectados por la delincuencia.
Según la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana correspondiente a diciembre de 2015, a la segunda cosa a la que más le temían era al transporte público, pues habían comprobado que los choferes solían estar coludidos con la delincuencia para cometer secuestros.
Los datos revelaban que le tenían miedo también (en ese orden) a los bancos, las calles, las carreteras, los parques, los centros recreativos, los viajes en auto, los centros comerciales, la escuela, el trabajo “y la misma casa”.
Más de la mitad de la población (54.4%) se había visto envuelta en un conflicto violento. 79.2% estimaba que la ciudad era insegura. Las conductas delictivas más frecuentes en el espacio público eran el robo, los asaltos, el vandalismo en viviendas o negocios, la venta de droga, así como las actividades desarrolladas por bandas violentas o pandillas. El 29.4% de la gente había oído disparos el último año.

