“Tomografía de lo ínfimo”: ensayos y escritura

A veces uno llega a textos que despiertan alegrías y preguntas. Leer a la ensayista Laura Sofía Rivero me condujo a su proceso de escritura: ¿las frases le suceden como torrente, las palabras se demoran en agruparse, escribe de corrido para luego corregir una y otra vez…? Rivero es escritora nacida en México en 1993. Hoy publica regularmente en Nexos. Con los ensayos contenidos en Tomografía de lo ínfimo ganó el Certamen Internacional de Literatura Sor Juana Inés de la Cruz 2017. Esto le valió la publicación del libro en 2018. No es uno más de tantos inocuos volúmenes impresos por intermediación de un concurso.

La contraportada anuncia: “Laura Sofía Rivero profundiza en la importancia de las cosas pequeñas con un tono humorístico”. Es cierto que hay elementos cómicos. Rivero se permite su propia modesta proposición: el uso de pantuflas en las oficinas burocráticas. Sin embargo, más que humor —o además de él— Rivero se divierte revelando el absurdo cotidiano, como el de mujeres “vendiendo en bikini hamburguesas de doble tocino” o los “tacones de aguja de doce centímetros que son una afrenta a la naturaleza y sentido común”. No es la supuesta “importancia” de lo pequeño, es abrir los ojos.

Busto de Benito Juárez en Tlalnepantla, Estado de México.

En Tomografía de lo ínfimo no falta información sobre los temas que la autora aborda. Ésta es producto de investigaciones y de una vida lectora. Pero, el conocimiento en los ensayos de Rivero proviene fundamentalmente de la atenta observación del entorno. Ella misma alude al asunto: “Se necesita de observación precisa, esa capaz de hallar una moneda sobre el asfalto”. La atención de la escritora no se somete a la creencia de que algunos motivos serían literarios y otros no. Esto le permite, por ejemplo, hablar tanto de excrementos —y los gases acompañantes— como de uñas enterradas, sin que asome la escatología fácil de quienes acuden a temas semejantes para, sin serlo, presumirse a sí mismos como autores desafiantes.

Uno puede imaginar a Rivero interrogando a quienes la rodean, sean su padre o un podólogo. La materia de su escritura proviene del almacenamiento: intuyo un fichero —en papel, digital o mental— en que conserva por igual palabras, sucesos o ideas. De nuevo, no se trata de datos curiosos que anhela quien busca ser simpático, sino de hechos que acaso sólo cobran sentido en la escritura; como la noticia de un retraso del presidente Chirac ante la reina Isabel II que, quizá sólo al cabo de años, se conecta con una reflexión sobre los significados de la espera.

El libro Tomografía de lo ínfimo. Fotografía Librería Casa Tomada, 2021.

En uno de los ensayos, Rivero menciona “la prosa poética melosa”. La escritura de la autora de Tomografía de lo ínfimo está lejos de lo empalagoso: tiene otros rasgos y, sobre todo, una mirada individual que la aleja de ello. La capacidad de hilar frases ingeniosas sobre un tema recuerda prácticas literarias celebradas localmente. Hay momentos de composición retórica que casi vacían de sentido a lo escrito, no por virtud, sino por malabar. Son frases que acaso, al ser retrabajadas, no encuentran un enigma, sino que lo evaporan. Quizá el desarrollo ensayístico de Rivero pase por tomar decisiones sobre la tensión entre convencionalidades del medio literario mexicano y cultivar plenamente una manera personal de escribir —lo que puede estar ya ocurriendo, pues sus colaboraciones en Nexos evidencian un lenguaje más libre. La opción individual podría alejar a Rivero, no necesariamente del público, pero sí del consenso de los letrados, aunque no de la literatura. No cualquier artificio, por celebrado que sea, alcanza la dignidad literaria.

En Tomografía de lo ínfimo se trasluce el problema del público a quién va dirigido lo escrito. En los ensayos hay una serie de referentes locales que pueden llevar a pensar que lo cotidiano no necesariamente encarna —para cualquier lector— en lo que un autor considere común. En cambio, hay otro nivel en que la audacia es clara: el paso de la cultura libresca a la popular, como al saltar de alusiones históricas a la circunstancia del robo de los lentes de una entre varias estatuas, que, como escribe Rivero, son “hogar y sanitario de palomas”. Más importante todavía, está la disposición que permite a Rivero escribir sobre materias como el temor “de no sobrepasar un presupuesto fijo en la caja del supermercado”. Rivero encara asuntos que suelen evadirse, aunque estén siempre presentes; esto hace posible que los lectores se identifiquen con sus textos.

La escritora Laura Sofía Rivero. Fotografía de Alejandro Arras, 2021.

Las disecciones de Rivero condensan historias en que podemos reconocernos: “Las salidas en grupo obligan a los comunes denominadores, lugares grises que, en su afán de complacer a todos, no satisfacen a nadie”. Algunas de sus descripciones pueden llevarlo a uno a risa: “el preguntón que no se permite probar alimento sin antes recrearlo en su cerebro”. En el uso de una bolsa para contener otras bolsas Rivero encuentra el nacimiento de un hogar. Al mismo tiempo, su meditación sobre las bolsas plásticas del supermercado ahora recuerda una costumbre del pasado, prohibida al amparo de apariencias ambientalistas. Rivero lo sabe: “la prohibición acrítica sesga la imaginación”. Los ensayos como registros de la vida.

Tomografía de lo ínfimo es ejercicio y elogio de la divagación, con momentos luminosos que no necesariamente se siguen de lo expuesto: “Las excrecencias y el sexo son de una misma naturaleza. Animalidades gemelas que han seguido caminos distintos en nuestra edificación de la cultura”. Al leerla, a momentos pensé que quizá la escritura de Rivero sea más aforística que ensayística: “El pudor es un lujo que a los pobres les está impedido”. Como todo buen aforista, Rivero cuestiona la posibilidad de la inteligencia: “¿qué entiende el hombre de racionalidad si golpea la impresora cuando ésta no funciona?”. En las nimiedades, Laura Sofía Rivero encuentra la esperanza, como en el uso de pantuflas que, asegura, “quebrará el imperio del gafete”.

Presentación de Tomografía de lo ínfimo. Fotografía de Sergio Pérez Torres, 2019.

Autor

Scroll al inicio