La heredera del Duce

Finalmente cayó el gobierno de Mario Draghi e Italia celebrará en otoño selecciones anticipadas en las cuales la extrema derecha tiene amplias posibilidades de resultar ganadora y gobernar al país por primera vez desde la caída del fascismo. Es algo habitual esto de tener una crisis gubernamental en Italia. Después de todo, este díscolo y retozón país ha tenido 67 gobiernos desde el nacimiento de la República en 1946. Pero esta ocasión es insólita porque los herederos del fascismo regresarían al poder. Y no es simple retórica. Giorgia Meloni, la cabecilla del partido Hermanos de Italia (FdI), lidera las encuestas y tiene grandes posibilidades de convertirse pronto en la primera mujer en acceder a la jefatura del gobierno italiano en coalición con los partidos de los impresentables Matteo Salvini y Silvio Berlusconi.  Los “Hermanos de Italia” son el nuevo avatar del Movimiento Social Italiano (MSI), un partido abiertamente neofascista. 

(Photo by Antonio Masiello/Getty Images)

En Italia no sucedió como en Alemania, donde los aliados impusieron una rigurosa política de desnazificación mantenida estrictamente por todos los gobiernos federales de la posguerra, la cual (entre otras cosas) proscribía por mandato constitucional la legalización de partidos de ideología nazi o fascista. El MSI fue fundado en 1946 por ex militantes del Partido Fascista y admiradores de Benito Mussolini. Llegó a ser el cuarto partido en fuerza electoral allá por la década de 1960, aunque era visto como un “apestado” por el resto de la clase política italiana. Este aislamiento fue superado en 1995, cuando un político gris y oportunista llamado Giafranco Fini lo reconvirtió en una organización pretendidamente de “derecha normal” y lo renombró como Alianza Nacional, el cual se convirtió en fiel aliado de Berlusconi y su Forza Italia. Sin embargo, una minoría de exaltados neofascistas estuvo en desacuerdo con estos cambios y fundó el Movimiento Social Llama Tricolor. Más adelante, en 2012, como resultado de la fusión de esta organización de recalcitrantes con un sector de berlusconianos disidentes (entre ellos Giorgia Meloni, quien en su juventud había sido líder juvenil del MSI) surgió el partido Centro Derecha Nacional, el cual, en 2017, fue renombrado como Hermanos de Italia (tal y como comienza el primer verso del himno nacional italiano), adoptando como propio el viejo símbolo del MSI: la llama tricolor.​ 

Pese a sus antecedentes como militante neofascista, Meloni se ha esforzado por presentar a su partido como una organización de derecha tradicional “campeona conservadora del patriotismo”, la cual, dice la dirigente, “no pertenece al culto del fascismo”.  Sin embargo, FdI está muy lejos de romper con los vínculos de su pasado. Su plataforma ideológica se fundamenta en las típicas posiciones de los populistas de derecha europeos como Le Pen o Salvini: el soberanismo a ultranza, el iliberalismo, el antiinmigracionismo, el antieuropeísmo nativista, etc. Pero la corriente principal es inequívocamente autoritaria. Meloni nunca ha repudiado los setenta años de tradición neofascista en el país. Su libro de memorias (Io Sono Giorgia) está lleno de denuncias a supuestas conspiraciones internacionales y de connotaciones antisemitas. En realidad, es una demagoga de formación profundamente reaccionaria capaz de esgrimir las herramientas usuales del extremismo derechista en combinación con los recursos del populismo actual. Su discurso está plagado de teorías de conspiración y enemigos como los inmigrantes, la Unión Europea, George Soros y la socialdemocracia. Así manipula a electores de escasa escolaridad y bajos recursos, a quienes constantemente llama “víctimas de las élites” 

También es alarmante la clara tendencia fascistoide del gobierno encabezado por Hermanos de Italia (desde 2019) en la región de Las Marcas, el cual no se ha limitado a acosar a los inmigrantes y a restringir los derechos de la comunidad homosexual “en aras de la defensa de la familia tradicional”. El presidente de esta región, Francesco Acquaroli, acompañado de varios alcaldes militantes de FdI celebró una cena para conmemorar el aniversario de la “Marcha sobre Roma”, evento fundacional del régimen de Mussolini y la cual, por ciento, el próximo octubre cumplirá su centenario. Algunos analistas italianos consideran a Las Marcas como una especie de laboratorio para esta extrema derecha fundada en la tradición fascista.

(Photo by Antonio Masiello/Getty Images)

¿Cuál es la razón de tanta tolerancia con el posfascismo en Italia? Una gran parte de la sociedad de este país jamás ha estado consciente de la verdadera dimensión criminal del fascismo. Además, carece de una derecha liberal fuerte. Forza Italia está en plena decadencia, y, de hecho, nunca constituyó un genuino partido liberal o conservador, sino fungió solo como el instrumento personalista de un bufón. La derecha italiana hoy está compuesta casi en su totalidad por los Hermanos de Italia y por los populistas de la Lega, el movimiento de Salvini, quien dista mucho de ser antifascista. De hecho, sus palabras y sus formas deben mucho a un fascismo trasnochado. 

Italia nunca ha podido superar el trauma del fascismo y ahora podría empezar a pagar las consecuencias. El eventual arribo de la extrema derecha al gobierno llega para los italianos y para Europa en el peor momento posible. Nadie comprende a ciencia cierta los motivos de esta nueva crisis, una de las más absurdas en la de por sí muy insensata historia política italiana. Draghi renuncia cuando apenas ha empezado a aplicarse un amplio programa de reformas, con la necesidad de aprobar con urgencia el presupuesto para 2023 y cuando la aplicación del plan de recuperación post Covid enfrenta serios riesgos. Ahora, en lugar de concentrarse en solucionar los graves problemas de fondo, con el triunfo de la ultraderecha Italia podría entrar en la misma deriva autoritaria de naciones como Hungría, Turquía o Polonia, donde el modelo consiste en convertir a la política en una batalla constante de “nosotros” contra “ellos”, y en blandir como subterfugios la lucha contra amenazas oscuras y difusas como el supuesto “reemplazo étnico”, la ideología de género y las élite globalizadoras. Asimismo, en Moscú se frotan las manos con la caída de Draghi, quien se había caracterizado por su irrestricto apoyo a Ucrania. Por cierto, los dos principales creadores de esta crisis son los irresponsables Berlusconi (gran amigo de Putin) y Salvini (un declarado admirador del dictador ruso). 

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