¿Por qué un nuevo libro sobre la crisis del periodismo militante?

Los medios de comunicación han sido (y continuarán siendo) esenciales para proporcionar sustento a la evaluación ciudadana y dar cabida a la expresión de las demandas sociales y políticas dirigidas a los encargados del gobierno. Junto con ello la dinámica de la democracia muestra, cada vez con mayor asiduidad (el fenómeno es global), que los detentadores de las empresas mediáticas también son actores políticos e integran poderes fácticos, vale decir, no regulados (o casi no regulados) por las leyes y las normas de la democracia; de ahí que los medios siempre demanden transparencia en los otros, por ejemplo, aunque ellos no tengan esa transparencia con sus audiencias o lectores -digamos que para ponerlos al tanto de sus intencionalidades políticas-. Un fenómeno político cada vez más extendido que deteriora el debate público enterado es que los medios de comunicación despliegan ese poder sin que importe la información a la que se deben, según supuestos teóricos y deontológicos, y lo hacen de manera diversa en un entramado complejo como el que implica la estructura institucional del Estado moderno –y a veces sus estrategias de degradación del “adversario” son incontenibles, las promueve en nombre de la libertad de expresión. Una de esas formas es la constitución de “tribunales mediáticos”, a los que podemos definir como el contexto público generado por los empresarios de los medios de comunicación para procesar sus propios intereses políticos y económicos, en donde la veracidad de las noticias, insisto, es lo de menos, más aún, ese contexto social se define a partir de difundir sentencias que aunque no sean ciertas parezcan que son verdad. La constatación de este fenómeno de la política en México y el mundo, me llevó a convocar a tres expertos para tratar de entender sus alcances así como los riesgos que implica para el intercambio público democrático, y así nació este libro que a sus editores nos llevó a concluir que, en el orden de la prensa militante, los tribunales mediáticos se encuentran en crisis y que los profesionales de la comunicación erigidos en jueces desdeñan al periodismo y hacen política por otros medios. Esa crisis alude a la baja calidad de la información que tiene aliados 'clave en los ciudadanos que no exigen a esos medios calidad informativa –sólo se limitan a creer apasionadamente y a denostar a quienes no creen en lo mismo que ellos-; la crisis tiene verificativo cuando el desenlace de los hechos ocurre en una dirección contraria a las proclamas políticas, e incluso jurídicas, que promovieron actores políticos revestidos de periodistas. Como sea, ante cada episodio queda una suerte de estela mediática que es algo así como el desencanto de los creyentes en cualquiera de las consignas del periodismo militante, pero no porque se les hubiera dado gato por información sino porque encuentran, siempre, en las perversidades del poder al que se combate, las causas de la frustración. Un problema particularmente delicado es que esto implica un desgaste sistemático de las instituciones, las leyes y las normas de la democracia, así como de sus representantes. Entre otros temas, sobre esto discurre este libro del que soy coordinador (la empresa que lo edita es mía); ya está a la venta en las librerías Gandhi, Educal y el Fondo de Cultura Económica, entre otras, o solicítenlo en las oficinas de etcétera nosotros se los hacemos llegar. Ojalá que ustedes lo compren y, sobre todo, les sea útil para sus reflexiones al respecto. (Además, mi familia y yo se los agradecemos por partida doble porque de estas actividades profesionales vivimos).


ADVERTENCIA: Este libro tiene muy fuertes influencias académicas y sus autores analizan casos específicos en México y el mundo; como sucede con todos los estudios en el tema, con todos, también expresan sus cuestionamientos al tipo del periodismo con el que no están de acuerdo y puntualizan los patrones éticos y profesionales con los que sí coinciden.


Marco Levario Turcott

Autor

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