El déficit de periodistas de investigación dignos de tal nombre en México, a veces por falta de preparación, a veces por agenda —para qué gastar tiempo persiguiendo datos sólidos y la versión de la contraparte, si con unas cuartillas descuidadas pero viscerales se consigue el gran aplauso del ganado bienpensante—, hace difícil evaluar y entender el complejo entramado de ciertos acontecimientos nacionales. Tampoco ayudan las carencias éticas e intelectuales de la mayoría de nuestras ONG, cercanas sin embargo al corazón del gran público, en especialalrededor de la capital; organizaciones que, por ejemplo, no han manifestado su repudio al asesinato, previas amenazas, del fotorreportero Elidio Ramos, del diario oaxaqueño El Sur, a manos de golpeadores adscritos a la CNTE cuando retrataba la quema de autobuses robados en las protestas del fin de semana pasado en Juchitán de Zaragoza; ni a las vejaciones protofascistas sufridas por maestros cortesía de grupos de choque afines a la sección 7 en Comitán. Tan afines que su secretario general suplente dijo: "Lo que hoy pasó me parece que debe ser una señal para aquellos maestros que no han entendido todavía que en este país la educación pública se defiende".
Con todo, basta remitirse a nuestras costumbres históricas para encontrarle motivación puramente política a los recientes arrestos —lo cual no necesariamente los vuelve inmerecidos—, o repasar las carencias existentes en nuestra educación para ver que la reforma es un parche insuficiente, más administrativo que pedagógico. Tampoco es novedad que las autoridades apenas miren por el bien de la niñez, o de la ciudadanía a secas, al ponderar por sobre todas las cosas su permanencia en el poder, ni que la eficacia o el respeto a la ley no sea precisamente una prioridad en el combate a los grupos de choque… o en cualquier otro asunto.

