Denuncias contra Televisa, gasolina de Asia Oriental, sitios apócrifos y otros cuentos chinos


En las sociedades modernas, la multiplicación de los contenidos noticiosos ha traído consigo no sólo la ventaja de la versatilidad temática y la pluralidad informativa sino también el reto al consumidor de medios de comunicación para discernir entre lo esencial y lo útil, lo cierto y la distorsión noticiosa que sucede no sólo por la impericia profesional o la transgresión ética sino también por el acto intencionado de lastimar la reputación del otro.


Lo antedicho es particularmente notorio durante los procesos electorales; hace unos días por ejemplo, el portal SDP Noticias difundió la falsa especie de una acusación de la alta jerarquía católica contra uno de los candidatos a gobernar el estado de Veracruz, y luego sus directivos borraron esa imputación sin sustento y sin advertir a sus lectores de la equivocación que es tan evidente, sencillamente porque el supuesto declarante religioso ni siquiera ofició misa el día en que la nota signó la falsa declaración. Otro ejemplo sucedió ayer mismo, cuando el portal de la revista Proceso propaló el bulo informativo de que una candidata panista a la alcaldía de Aguascalientes se había expresado en forma soez sobre los viejos; esta vez, los editores del sitio no verificaron las fuentes y, en lugar de ello, realzaron el contenido de una página web apócrifa: casi sobra decir que el yerro se magnifica cuando los usuarios replican la falsedad noticiosa. (Este error está siendo recurrente en Proceso e incluso una de sus colaboradoras se inconformó de ello, nos referimos a Lydia Cacho, que fue equivocadamente implicada por esa revista que tomó como fuente un falso perfil de Facebook).


Otro borrego informativo, como se dice en el argot periodístico, ocurrió desde hace un par de días (y aún hoy decenas de usuarios de las redes lo replican), cuando una “noticia” anónima afirmó que la mala calidad del aire en la Ciudad de México se debía a que el gobierno de nuestro país importa gasolina de China, y como todo lo chino es pirata, lo demás se deduce sin tanta perspicacia; el bulo prendió como un cerillo arrojado al combustible y se incendiaron las redes. En la urdimbre del sensacionalismo y la falta de verificación, no importa que desde el 26 de abril el portal de la BBC Mundo informara que nuestro país compra ese hidrocarburo a Estados Unidos, ni importa que hoy mismo El Universal diera cuenta de que esa gasolina es de mala calidad (la que México compra los vecinos del norte, se entiende). Así de claro: “el director corporativo de Alianzas y Nuevos Negocios de Pemex, José Manuel Carreras, negó categóricamente que México le compre gasolina a China”.


Otro escándalo, producto de la propagación de rumores calculados, está ya en el horno y en las siguientes horas se multiplicará por los medios interesados en este nuevo embate contra la empresa Televisa (no hace falta decirle al lector inteligente cuáles son los medios que ya están difundiendo esa cháchara informativa ni cuáles se sumarán). Lo delicado es que entre las encomiendas interesadas y los usuarios –audiencias y lectores– que no exigen calidad en los contenidos ni verifican, el intercambio público empobrece. Por lo pronto, nada más con puro material anónimo se intenta construir otra nueva trama contra el odiado enemigo de esa causa militante y de consigna.


 

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