Lenia Batres se autonombra “ministra del pueblo” y golpea a la Corte con cantinelas

Con cantinelas del obradorismo más puro y burdo se presentó como flamante integrante de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) Lenia Batres Guadarrama, ministra designada por el presidente Andrés Manuel López Obrador. En su discurso atacó al órgano, se autodenominó “ministra del pueblo” y volvió a dar muestras de su lealtad al tabasqueño y de su muy pobre capacidad jurídica, de la que ha dado repetidas muestras.

En una sesión solemne se brindó la recepción a Batres, a quien la ministra presidenta de la SCJN, Norma Piña Hernández, le colocó la toga correspondiente. Entre los invitados al acto, además de los integrantes del Pleno de la Corte, estaban los miembros del Consejo de la Judicatura Federal y del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, así como personajes como Ernestina Godoy, aún titular de la Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México, cuya reelección está en vilo.

La encargada de dirigir un mensaje de bienvenida a Batres Guadarrama fue la ministra Yasmín Esquivel, con cuando menos un caso de plagio en su tesis de doctorado y aún pendiente de darse a conocer el que presuntamente cometió en la de licenciatura en la UNAM, además de ser integrante de la pareja de ministras que votan invariablemente a favor del gobierno de López Obrador en las controversias.

Esquivel Mossa celebró que Batres Guadarrama llegara a la Corte por ser mujer, en primera instancia, y después festejó a la familia de la flamante ministra en una suerte de hagiografía múltiple: al padre lo felicitó por tener “cinco extraordinarios hijos” (sic), y hasta felicitación le envió a Emiliano, el hijo de Lenia (es el que, en el video que circuló ampliamente en redes sociales que exhibe los insultos que la abogada dedicó a una vecina, le advierte a su madre que esta subiría las imágenes a internet).

“La ministra es una mujer de ideales y de acción eficaz”, “comprometida con su tiempo”, “con una visión social nutrida no sólo por los principios e ideales, sino por la experiencia y el desempeño en el servicio público”, describió en su vacua apología Esquivel Mossa, que justificó plenamente que Batres Guadarrama haya solicitado que ella fuera quien le diera el discurso de bienvenida.

Posteriormente la sustituta de Arturo Zaldívar (hoy dedicado de tiempo completo a hacer propaganda de la candidata presidencial oficialista, Claudia Sheinbaum, lo que hizo aun antes de dejar de ser ministro) se dirigió al Pleno, en un discurso en el que ratificó sus ataques contra la SCJN.

Así, Batres Guadarrama repitió lo que ha dicho una y otra vez en los meses recientes, y que tiene todo el tono del discurso de López Obrador: que los ministros se han extralimitado ya que, según ella, “el carácter inimpugnable de sus decisiones” han llevado al órgano a confundir “jerarquía de la Constitución con jerarquía de la instancia”, se ha colocado por encima de la Auditoría Superior de la Federación, ha contravenido a la propia Constitución (la que, dijo, ha estado “subordinada a la Corte”), ha invadido facultades del Poder Legislativo, y otro caballito de batalla del obradorismo: los sueldos de los ministros.

Batres Guadarrama (quien, como se recordará, en su primera comparecencia ante senadores cuando fue propuesta en la primera terna para ocupar el cargo de ministra, afirmó categóricamente que la Constitución de Estados Unidos no es escrita) hasta llegó a decir en su confusión: “Podrían decir que la Suprema Corte sí es el órgano supremo en el país porque puede anular leyes por mayoría calificada, pero se equivocan, porque, si actuara como verdadero tribunal constitucional, no prevalecería la Suprema Corte, sino la Constitución” (aquí, por supuesto y contra lo dicho por la nueva ministra, se impone una pregunta: si la Carta Magna puede prevalecer por sí sola, ¿para qué queremos SCJN?).

Los aplausos en el Pleno provinieron sólo de sus muy previsibles aliadas: Esquivel Mossa y Lorena Ortiz Ahlf y, por parte del Consejo de la Judicatura, de Bernardo Bátiz, otro personero del presidente.

No conforme y ya con plena desfachatez, al referirse a quienes le han felicitado, Batres Guadarrama, sin recordar que fue nombrada no por consenso en el Senado de la República sino por la elección de una sola persona, afirmó: “‘Ministra del pueblo’ me han llamado, una misión grande que acepto con honor y con la responsabilidad que merece”. Nombramiento por sí y ante sí, no más.

Curiosamente Batres Guadarrama se pronunció a favor de la “libertad económica” (no se ocupó ni un segundo en describir qué significaba ese concepto para su autor citado, el diputado constituyente Heriberto Jara), a la que llamó gran pendiente de “la justicia mexicana”. Por supuesto, tampoco explicó cuál es el papel que puede tener la SCJN en ello.

Para cerrar la sesión solemne el Pleno de la SCJN, de manera unánime los ministros (no estuvieron presentes Juan Luis González Alcántara Carrancá y Margarita Ríos Farjat por vacaciones) decidieron adscribir a Batres Guadarrama a su Segunda Sala.

Reacciones

En redes sociales vinieron de inmediato los besos del diablo para Batres Guadarrama: el de su hermano Martí, jefe de Gobierno de la Ciudad de México, quien escribió que el discurso de la ministra fue “valiente, congruente y esperanzador”.

En plena campaña en busca del Plan C, Arturo Zaldívar continuó con sus vulgares tareas electorales: “¡Enhorabuena, ministra del Pueblo! El mayor de los éxitos”, tuiteó. Por allí fue el diputado federal, miembro de la fracción de La Luz del Mundo en la bancada de Morena, Hamlet García Almaguer, quien escribió sobre el discurso: “Una proclama del Pueblo, desde la Suprema Corte”.

Uno de los encumbrados en la primera parte del gobierno de López Obrador y caído de la gracia presidencial desde entonces, el locutor John Ackerman, escribió: “Un enorme honor y un privilegio estar presente en la histórica toma de posesión de una mujer valiente y brillante cuya presencia y participación en la @SCJN sin duda revolucionará la justicia en México”.

Uno de los más severos críticos de Batres Guadarrama fue Francisco Burgos, profesor de la Facultad de Derecho de la UNAM, quien dijo que el discurso inicial de aquella sería celebrado por López Obrador y los morenistas, “justo porque es lo que quieren escuchar, a pesar de que se pretenda tergiversar la función de la Corte”.

También criticó la autodenominación que se dio Batres Guadarrama como “ministra del pueblo” porque “no fue electa por el voto popular directo para que (se) pueda decir o interpretar así. Es una ministra de la Corte que se tiene qué deber a la Constitución. No al presidente de México, ni a un partido político, ni a las personas”.

Sobre el discurso de Lenia, en entrevista con Sandra Romandía para El Heraldo, Burgoa resaltó que no haya hablado de la independencia y la imparcialidad que deben tener los ministros, los que “se deben a la Constitución, no al pueblo y menos al presidente”. Y fue muy pesimista: “De acuerdo con lo que ella manifestado en sus discursos, no nos deja la opción de darle el beneficio de la duda. Esperemos su primer voto importante”.

Claudia de Buen Unna, quien fue presidenta de la Barra Mexicana, Colegio de Abogados, consideró que Batres Guadarrama se presentó “con un discurso mal leído, irreverente, inoportuno y tendencioso”. Criticó el autonombramiento de la nueva jueza: “Su designación fue muy cuestionada, y está lejos de ser la ministra del pueblo, ya que la designó su compañero de partido, el Presidente @lopezobrador_”.

Cuestionó el discurso también por su contenido, ya que “parece no comprender cuál es la función de la Corte”, además de que, consideró, Batres Guadarrama “insultó a sus compañeros ministros con sus acusaciones. Mal, mal principio”.

También le recomendó “actuar por encima de su ideología, apartar las filias y fobias de las resoluciones, respetar el estado de derecho y los principios constitucionales”.

Por su parte. César Astudillo, del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, fue lapidario con el discurso de Batres Guadarrama: “La teoría del derecho, del Estado, de la Constitución, de la interpretación y del derecho procesal constitucional se hicieron añicos hoy en el discurso de la nueva ministra. Se vale pensar distinto pero creer, por ejemplo, que la reviviscencia de las normas es una invención de nuestra Corte, es un exceso que echa por tierra una tradición Jurídica de dos siglos”.

Para Gerardo Laveaga, coordinador de Ciencia, Educación, Cultura y Derecho de la Barra Mexicana, Colegio de Abogados, escribió: “Se vale pensar lo que piensa @LeniaBatres, por supuesto. Lo que no es razonable es haber aceptado la postulación a ministra de la @SCJN si se piensa así. Es como aceptar ser obispo sin creer en Dios. La incongruencia alarma”.

La abogada Carla Erika Ureña le recordó a la nueva integrante de la SCJN: “¿Ministra del pueblo’? @LeniaBatres es la primera ministra desde 1994 impuesta por el presidente. Es decir, llegó por dedazo. Carece de legitimidad. Más conocida por escándalos personales y políticos que como abogada”.

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