Miguel Ángel Mancera quiere ser Presidente

Al Jefe de Gobierno de la Ciudad de México lo destapan, se destapa. El coordinador del PRD en el Senado, Miguel Barbosa, lo dijo claro y alto: el partido no tiene otro pros pecto, es Mancera o el abismo, aunque cuadros destacados como Graco Ramírez se enojen.


El exprocurador capitalino ya lo había dicho, ahora, también claro y alto: sí quiere ser Presidente de México en 2018.


Mancera no está afiliado al PRD, aunque éste lo haya nominado, Mancera no es “independiente”, a pesar de ser el único que ha reunido, el pasado 3 de mayo, al Bronco de Nuevo León; al alcalde de Guadalajara, Enrique Alfaro, y al aliancista Gabino Cué, gobernador de Oaxaca, en sus oficinas para tratar temas nacionales y candidaturas independientes.


Mancera goza de la antipatía de López Obrador, aquella que le merecen quienes le preocupan, y el Jefe de Gobierno desvela al moreno por su imagen de izquierda moderada, racional y razonable. Las anticampañas de AMLO reditúan en mayor conocimiento y alcance en la memoria colectiva. Punto a favor.


Sin embargo, al doctor en derecho le faltan trechos por recorrer. Debe mostrar que además de ser capaz de diseñar y operar programas sociales e iniciativas exitosas como Médico en tu Casa o la de elevar salarios mínimos tiene el temple para domar a la bestia política en que se ha convertido el asunto de las contingencias y las ocurrencias ambientales.


La comisión en la materia de la Megalópolis es la instancia federal que coordina (se supone) los esfuerzos de los estados circundantes a la Ciudad de México para impedir que nuestra salud sea afectada (más) por la contaminación ambiental.


La CAMe determina cuándo y cómo se aplican las contingencias, como la inédita del pasado domingo. Ella decreta y la ciudad acata. El golpe político que implican esos cuidados de nuestra salud es completo y copeteado para Miguel Ángel Mancera.


Sobre él y sus niveles de aprobación recae el programa de restricción vehicular emergente que no alivia la crisis, que restringe la actividad al aire libre en escuelas pero no en paseos ciclistas. Qué explica que la Presidencia de la República mueva un acto (por el Día del Maestro) de una explanada a un salón pero que un concierto en el Zócalo o un partido de futbol en el Azteca vayan como si nada.


Miguel Ángel Mancera debe sumar a la honestidad, la efectividad. Echar mano de herramientas políticas para que, en esta coyuntura, sus gobernados veamos que las medidas propias y ajenas se articulan y hacen sentido.


Autos nuevos guardados por fuerza y autos contaminantes con permiso para circular también por fuerza, elvocho que no circulaba ningún sábado ahora lo hace. Domar las contingencias y las ocurrencias hará viable la candidatura de Mancera.



Este artículo fue publicado en La Razón el 17 de mayo de 2016, agradecemos a Carlos Urdiales su autorización para publicarlo en nuestra página.

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