¿Cuántas extremas derechas existen en Europa? Contra lo que pudiera pensarse, es amplia la gama de los términos utilizados para describir a los partidos y movimientos de este espectro político. Constituye un error, como suele suceder con todas las generalizaciones, caer en la simplificación de denominar a todos estos grupos con el facilón epíteto de “fachas”. Hay extrema derecha nacional-conservadora, radical chauvinista, religiosa, no confesional, anti-islam, nativista, euroescéptica, populista, “alt-right”, nihilista, neofascista, “libertaria”, antiinmigración, autoritaria y todas las variadas combinaciones utilizando todas las anteriores. Sin embargo, de acuerdo a los estudiosos, los partidos de derecha radical en los países industrializados (en el “Sur Global” suele haber criterios adicionales) se definen como aquellos que poseen como esencia de sus plataformas el nativismo y el Estado fuerte. Nativismo es la creencia de que “los Estados deben ser habitados exclusivamente por miembros del grupo nativo y los ‘elementos no nativos son una amenaza al estado-nación homogéneo”. Es, por tanto, una forma prominente de exclusivismo. Los partidos de derecha radical también suelen ser excluyentes hacia otros “grupos externos” además de los no nativos, incluidas las personas de diferentes religiones (musulmanes, por ejemplo) o de género y orientación sexual. El Estado fuerte como la creencia en una sociedad estrictamente ordenada en donde las infracciones son castigadas severamente, de ahí un segundo enfoque clave de la extrema derecha: aplicar una línea dura en los temas de la ley y el orden.
Pero a diferencias de los partidos fascistas, cuyo objetivo final es derrocar el orden democrático existente mediante la violencia de ser necesario para establecer un régimen totalitario, las nuevas extremas derechas operan dentro de los límites del marco democrático y no trabajan activamente para eliminar el sistema democrático, al menos no del todo, además de reprobar el uso de la violencia. Algunos elementos dentro de estos partidos pueden ser más extremos que otros y ello da lugar a una importante diferenciación. Asimismo, casi todas las nuevas extremas derechas recurren a estrategias populistas, es decir, respaldan las ideas de que la sociedad está separada en última instancia en dos grupos homogéneos y antagónicos: el “pueblo bueno” frente a una élite corrupta y malvada. También son, siempre, furiosamente antiliberales, por eso aunque no luchen por eliminar por completo a la fachada democrática si trabajan para crear ambientes autoritarios donde las facultados del Poder Ejecutivo se refuercen considerablemente mientras se debilitan los contrapesos institucionales, se reduce al Poder Judicial, se estrechan las libertades en los medios de comunicación y se mina a los organismos de la sociedad civil.
En mayor o menor medida, los partidos de extrema derecha de Europa –además de su enfoque central en el nativismo y otras ideologías excluyentes y, en la mayoría de los casos, su enfoque populista– pueden compartir una multitud de otras posturas ideológicas. Algunos son euroescépticos, desde los que van del rechazo rotundo de todo el proyecto de integración política y económica europea hasta la “oposición contingente o cualificada” contra las iniciativas comunitarias. Algunos, sobre todo en Europa central y oriental, son socialmente ultraconservadores y promueven los conceptos del deber, el patriotismo y los valores tradicionales, las estructuras familiares, los roles de género y las relaciones sexuales. Cada vez más muchos son también escépticos sobre el clima, ya sea rechazando por completo la ciencia del cambio climático o resistiéndose y tratando de retrasar los esfuerzos hacia la transición ecológica.
Alternative für Deutschland (AfD), que terminó en segundo lugar (por delante de los tres miembros de la coalición gobernante) en las elecciones al Parlamento Europeo en Alemania, puede clasificarse como populista, defensora de la “mano dura” y euroescéptica. Reunión Nacional quedó primero en Francia con una victoria tan aplastante que llevó a Emmanuel Macron a disolver el parlamento, es antiinmigracionista y populista, pero con algunos rasgos sorprendentes más comunes en la izquierda en ciertos temas de política socioeconómica. A pesar de su relativa moderación en lo que respecta a la cooperación con la UE y la gestión de la política económica nacional, Hermanos de Italia, de Giorgia Meloni, cuyas raíces son ampliamente consideradas neofascistas, califica como antiinmigraciomnista, populista y socialmente conservadora. Vox en España es populista, socialmente conservador y defienden la mayor desregulación económica posible. Chega en Portugal es populista, con un fuerte enfoque en el rechazo a la inmigración. El FPÖ de Austria y el PVV en los Países Bajos hacen énfasis en la islamofobia, el Fidesz de Viktor Orbán en Hungría, y Ley y Justicia de Polonia (PiS) son abiertamente iliberales, con fuertes puntos de vista anti-LGBTQI+. Cosas similares pueden decirse de los Auténticos Finlandeses, los Demócratas de Suecia, y el Partido Popular Danés.
Dentro del Parlamento Europeo los partidos de derecha radical se dividen en dos grupos: Conservadores y Reformistas (incluye a Hermanos de Italia, Vox, Ley y Justicia, etc.) e Identidad y Democracia (Agrupación Nacional, La Liga de Mateo Salvini y hasta hace poco Alternativa para Alemania). Aunque a ambos grupos los une su aversión a la inmigración, el escepticismo ante el cambio climático y la idea de representar a la “gente común” contra el sistema establecido liberal los separa la política exterior, en particular, a la guerra en Ucrania. Los miembros de ECR apoyan a Ucrania y están en contra de cualquier concesión a Rusia. Por el contrario, los de Identidad y Democracia rechazan apoyar a Ucrania en el próximo año y estarían encantados de iniciar negociaciones de paz con Vladímir Putin, a quien ven como un campeón del nacionalismo y del conservadurismo social. En los últimos meses se ha notado la forma como Meloni se ha moderado tras llegar al gobierno en Roma al mostrar un apoyo incondicional a la OTAN y mantener lo que podríamos llamar un “eurorrealismo”, es decir, una especie de europeísmo de fachada. Pero también ha recortado derechos en Italia y promueve un proyecto de reforma política que reforzaría notablemente el Poder Ejecutivo. En Francia destaca la aparente apertura de criterio de Le Pen a temas como el aborto y los derechos sexuales. De hecho, llama la atención como Reunión Nacional es la formación predilecta por gays, bisexuales y lesbianas. Un 22 por ciento declaró en una encuesta su simpatía por el partido de Marine Le Pen, muy por encima del partido de Macron (19 por ciento), los Republicanos (11 por ciento) y los Verdes (9 por ciento). Además, Le Pen se ha mostrado a favor de fijar en la Constitución el derecho al aborto.

