Cada día que transcurre, Enrique Graue desperdicia la única oportunidad que ha tenido algún rector de la UNAM desde abril de 1999 para recuperar el auditorio Justo Sierra de manos de narcomenudistas, drogadictos, vendedores ambulantes y estudiantes fósiles.
Graue fue de los pocos candidatos a la rectoría que no hizo escándalo con la promesa de redimir el recinto. Sin embargo, le cayó del cielo la reciente detención por parte de la PGR de uno de los ocupantes del auditorio, un expresidiario y vendedor de drogas conocido como El Yorch.
Buen rector, y además con feeling de político, Graue la agarró en el aire y aprovechó para exigir la desocupación del recinto, con la suerte además, de encontrar el soporte de estudiantes y académicos de hasta las facultades más radicales (Filosofía, Ciencias Políticas y Economía), exuniversitarios y políticos.
Pero transcurren los días y no sucede nada: la recuperación del “Che Guevara” (así le llaman los cerca de 20 vándalos que malviven adentro) continúa siendo más una perspectiva que una realidad.
El reportero Jonathan Castro entró al auditorio y grabó con cámara escondida lo que, tras 17 años, es un muladar de agujeros, humedad, gradas sin butacas, muros descarapelados, nidos de ratas y cucarachas, polvo solidificado en escaleras y paredes, piso cubierto de cochambre:
“Sólo sentarse en la nave central levanta una nubecilla de polvo. Las paredes de madera mohosa despiden un intenso aroma a humedad. Ahí antes había butacas, pero fueron vendidas por los ocupantes del recinto. Vendieron todo: instalación eléctrica, luces, mobiliario” (página 10, La Razón de hoy).
Ahí volvió a vivir El Yorch, pues fue liberado pese a que cargaba 50 envoltorios de cocaína, 26 pastillas psicotrópicas y 300 gramos de mariguana. Además, ni siquiera es universitario y mantiene su negocio como dealer y vendedor de mixiotes.
A la vista de la cautela con que es tratado el tema del auditorio, da la impresión de que su rescate no será inmediato. De todos modos, sigue siendo una gran oportunidad para el rector Graue: recobrar el Justo Sierra para que la máxima casa de estudios sea íntegramente de académicos y estudiantes.
Porque la ocupación de su auditorio más emblemático no deja de ser una mancha en la universidad más importante del país, como lo ha sido también (hay que escribirlo) la disposición casi inexistente de retomar el auditorio por parte de los rectores que le antecedieron desde 1999.
Graue tomó la iniciativa y tiene el apoyo de estudiantes, académicos, políticos y la sociedad para solicitar a la fuerza pública el desalojo de quienes usan el auditorio para vender piratería, comida y drogas. Esos sectores le han abierto al rector una cuenta.
Ojalá no derroche ese capital.
Este artículo fue publicado en La Razón el 11 de Abril de 2016, agradecemos a Rubén Cortés su autorización para publicarlo en nuestra página
