¿Realismo o espejismo? Trump y la ilusión de la paz exprés

Trump dijo primero que terminaría la guerra en Ucrania en 24 horas. Ahora dice que, si no hay avances en los próximos días, dejará de intentarlo para enfocarse en otros temas. Lo menciono también porque en el medio alemán Deutsche Welle recientemente publicaron un video donde aseguran que uno de los tres ejes principales del supuesto plan de Trump es el “realismo”. Así como lo leen.

Incluso muchos detractores de Trump caen en su juego lo suficiente como para pensar: “Bueno, no en 24 horas, pero el fin de la guerra sí es inminente”. Y cuando Zelenski dijo que tomaría tiempo y que eventualmente sería evidente que Rusia sería el principal obstáculo para alcanzar un acuerdo de paz, muchos lo tacharon de fantasioso.

La realidad es que, desde hace poco más de un mes, los rusos se han negado a cualquier posibilidad real de paz. Y, por supuesto, el entorno de Trump ha hecho todo lo posible para que quienes no siguen el conflicto a diario no se enteren de esto. Apenas ayer, por ejemplo, los rusos intentaron un asalto mecanizado y los ucranianos lograron repelerlo.

Aprecio los intentos reflexivos por entender la realidad, no la especulación, los inventos ni los esfuerzos por atribuirle mérito a quien no lo tiene. No soy fan de quienes aseguran que pueden prever el resultado de los dados. Se trata de entender lo que se puede, hacerlo lo mejor posible y aceptar nuestras limitaciones.

Mi diagnóstico sobre Trump va casi en sentido opuesto a algunos análisis intelectuales recientes, aunque retoma elementos de los primeros intentos de entenderlo cuando se le etiquetaba como populista, y también incorpora puntos más actuales, ahora que algunos lo llaman oligarca. En mi opinión, Trump sigue siendo, antes y ahora, un personaje con muchos desplantes emocionales, dirigidos sobre todo a su base (muchas veces, para darles atole con el dedo). Por eso, muchas de sus decisiones no toman en cuenta lo que realmente puede pasar, ni cómo reaccionarán los otros actores.

En muchos sentidos, le está metiendo un autogol a su país mientras, lamentablemente, muchos aún creen que lo hace por ellos, precisamente porque los convence más con su discurso que con sus acciones. Eso coloca gran parte del supuesto “realismo” de Trump en el terreno de la propaganda disfrazada, con justificaciones teóricas a posteriori por parte de sus allegados, para tratar de convencer al público de que sus acciones tienen estructura, cuando en realidad se basan en nociones sin fundamento o con un fundamento muy limitado.

¿Hay aspectos predecibles en su comportamiento no planificado? Claro. Hay patrones. Pero también hay una gran parte de lo que hace que es completamente impredecible. La ciencia social no es una ciencia dura, y mucho del caos que observamos es tan complejo que no puede meterse a la fuerza en un plan cerrado.

Entender que parte de lo que dice Trump no va a suceder como lo dice es un paso para comprender la realidad e intentar predecirla dentro de lo posible. Nadie puede decir con certeza cuándo acabará la guerra. Pero, en mi análisis, no será pronto. Veremos. Estudiemos, no inventemos.

¿Sus disparates ahora tienen más posibilidad de volverse intento de política pública porque tiene más apoyo en el Congreso que la vez pasada? Sí. ¿Está más molesto con el poder judicial? También. Y eso puede hacer que se perciba “tantito” menos populista, pero no hay que confundirse. Intentar convertir fantasías y ocurrencias en realidad, no significa que esto en efecto se pueda hacer. Sigue siendo fundamentalmente fantasioso, enfóquense en los madrazos que le pone la realidad cada vez que intenta aplicar una política y el resultado es totalmente distinto al que imaginaba en su cabeza. Eso sí. Creo que no siempre lo hace para dar atole, a veces cree en sus propias ideas, y esto también es peligrosisimo.

Habrá efectos reales que se estudiarán y, en algunos casos, se tratarán de contrarrestar. Otros no. Y muchos de esos efectos serán independientes de lo que Trump haya previsto. En mi opinión, serán efectos negativos para la mayoría de los países. Veremos.

Lamentablemente, su estrategia de comunicación se ha ido afinando un poco. Mucha gente cayó con el cuento del “plan”, aunque chistosamente cada quien le atribuye cosas diferentes, porque en el fondo nadie sabe realmente de qué se trata. Un ejemplo: el caso de Fonseca en YouTube, que antes colaboraba con VisualPolitik. A veces coincido con él, pero últimamente se ha aventado unos “fails” brutales.

Estados Unidos no es más fuerte que el mundo, y sin embargo el mundo no lo tiene tan controlado como me gustaría. Tampoco es el único actor peligroso, por supuesto. El asunto es muy complejo y no sé qué tanto se podrán contener los efectos perjudiciales. Pero, si algo tengo claro, es que hay que ponerse más las pilas.

Igual y el que viene en sentido contrario soy yo, pero siento que muchos analistas de estos temas están en la luna. De llamarlo populista a decirle realista… se aventaron media vuelta al mundo.

Hasta aquí mi reporte.

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