Pese a las negativas de la inquilina de Palacio Nacional y a la propaganda gubernamental desinformadora, la economía mexicana está en una circunstancia de recesión. Al escaso crecimiento observado en el sexenio de López Obrador, se suma ahora el decrecimiento de los dos últimos trimestres que afecta a las distintas ramas económicas. Si el expresidente falló en sus promesas de alcanzar un crecimiento del 4% anual y de cerrar hasta con un 6%, todo indica que la presidenta emprenderá un camino similar. La pregunta es si el ciclo económico desembocará en una crisis económica de mayores dimensiones.
Según datos del INEGI, el Producto Interno Bruto (PIB) de México decreció -0.6% en el cuarto trimestre de 2024 y, según estimaciones del Grupo Financiero Citi, en el primer trimestre de este año la reducción es de -0.4 por ciento. Según la definición de recesión aceptada por los economistas, esta se presenta cuando el PIB se reduce durante al menos dos trimestres consecutivos, cosa que ya está ocurriendo en México. En la situación de recesión económica cae el consumo, la inversión y la producción de bienes y servicios, lo que redunda en cierre de empresas, cancelación de inversiones, despidos de trabajadores, aumento del desempleo y precarización de las condiciones de trabajo de más personas.
Junto al hecho de que la economía mexicana decrece en dos trimestres seguidos, y en parte debido a ello, el FMI, el Banco Mundial y analistas independientes han recortado sus estimaciones sobre el futuro económico de nuestro país. El Banco Mundial, que en enero había pronosticado que México crecería 1.5% durante el 2025, redujo su previsión al 0%. Por su parte, el Fondo Monetario Internacional (FMI) previó en días recientes que el PIB de México sufrirá una contracción anual del 0.3 por ciento.
Es cierto que dos de los factores que inciden en esta situación son externos. El primero de ellos es la recesión de la economía de Estados Unidos y el otro es la errática guerra comercial desatada por Donal Trump, quien se ha lanzado contra China, contra Europa, contra sus socios asiáticos y contra sus socios de América del Norte (Canadá y México). Los dos elementos mencionados tienen fuertes repercusiones en nuestro país, dada la relación que tiene con la economía del vecino país.
Pero no se pueden negar los factores internos que inciden en el decrecimiento de la economía mexicana. Entre éstos se deben mencionar el incompetente manejo de la política económica y de las finanzas públicas, el saqueo de los fondos de ahorro estratégico y de estabilización, el incremento de la deuda pública, la dilapidación de recursos en obras faraónicas y en el sostenimiento de una política de clientelismo electoral elevada a niveles industriales. Y hay que añadir a la lista: 1) los desplantes estatistas del grupo en el poder, que pretende resolver cada problema con una nueva dependencia burocrática; así como 2) el desmantelamiento del Poder Judicial, para el que no ha dudado en sacrificar la certidumbre jurídica que es imprescindible para el florecimiento de las iniciativas de negocios y los emprendimientos.
En vez de reconocer la situación, de analizar los hechos y a partir de ello generar nuevas políticas, el grupo en el poder se empeña en negar la realidad y plantea promesas irrealizables: “la economía está fuerte”, “la gente tiene dinero” “tenemos el Plan México”. Para colmo, la presidenta recurre al mismo sketch que escenificaba su antecesor para evadir el bulto en lugar de enfrentar los problemas económicos. Apenas el jueves 24 de abril, en su mañanera desinformadora, salió con aquello de que “tenemos otros modelos económicos” y “no todo es el crecimiento del PIB”. Clonar los numeritos de López Obrador no constituye una salida a la recesión económica. La clonación tampoco servirá para evitar la crisis en que la recesión puede desembocar.
Cincelada: La parentela del general Rebollo, el ministro ejidal de los colguijes de oro, la ministra burra, la plagiaria, los narcocandidatos a jueces y magistrados, etc. No a la farsa de la elección judicial.

