El maniqueísmo de morena

Como en los cuentos de hadas, el populismo maneja un discurso maniqueo donde ellos son los buenos, los puros, los inmaculados, y sus críticos y adversarios todo lo contrario.

Ante lo cual, se arrogan el derecho y hasta la obligación de repeler, limitar, marginar, aislar, censurar y expulsar de la política a sus contrarios, pues encarnan el mal y la traición al país.

Tienen derecho y la obligación de hacerlo para prevenir todos los males que del bando negro surgen para el país.

Nada de diálogo, negociación, acuerdo, o legitimación para una contienda electoral equitativa que abra la posibilidad de una alternancia, y se debe limitar al máximo el poder de los malos.

Eso justifica centralizar el poder para impedir que los perversos hagan de las suyas. El autoritarismo al servicio del bien, la pureza y la honestidad.

En una democracia se acepta que los abusos, demagogia, mentiras e ilícitos pueden provenir de cualquier partido, y por lo mismo es fundamental un orden de división de poderes, frenos y contrapesos, vigilancia mutua rendición de cuentas de quienes tienen el poder frente a la ciudadanía, y la posibilidad de una alternancia política.

De esa forma no se eliminan al 100 % los abusos, corrupción e impunidad, pero se les puede reducir significativamente.

En el caso de Morena, como movimiento típicamente populista que es, hemos visto justo eso; por un lado un discurso maniqueo en que ellos mismos se dan baños de pureza, son austeros, comprometidos genuinamente con el pueblo (en particular con los menos favorecidos), incapaces de incurrir en corrupción o cualquier ilícito, auténticos patriotas en defensa del interés nacional.

En cambio, sus adversarios cometen todo tipo de abusos e ilícitos, además de desear lo peor para el pueblo llano e incluso para el país (como si no fueran parte de él y no les afectara eso).

Ese ha sido el discurso de Morena desde su fundación, pero paradójicamente, su Líder Máximo permitía la entrada a miembros de otros partidos acusados de corrupción y otro tipo de abusos.

Dijo varias veces que si se unían a su gran proyecto idílico para salvar al país, eran bienvenidos.

Al parecer, implícitamente aceptaba la idea de que su incorporación al partido puro los convertiría también en seres inmaculados, y por eso su pasado no importaba.

Se convertían en aves cuyo plumaje no se manchaba ni al cruzar el lodazal de la corrupción.

De tal manera que Morena se formó esencialmente con miembros de los demás partidos – chapulines – que además habían incurrido en todo aquello que en su discurso Morena condena moral y políticamente.

Pero el cálculo de que se purificarían sus almas (gracias a la “revolución de las conciencias” que provoca ese partido), salió mal.

Los pillos de los demás partidos a quienes se abrieron sus puertas siguieron haciendo de las suyas desde Morena.

Durante el gobierno de Amlo empezó a salir el lodazal, que fue negado, invisibilizado o en el mejor de los casos minimizado (el PRIAN era peor).

Pero nada de corrección, ni mucho menos penalización.
De nuevo, la corrupción de la mano de la impunidad, pero en su máxima expresión.

Y al concluir formalmente el gobierno de Amlo, el lodazal brota a chorros de la alfombra donde fue escondido.

Y en parte por eso, dentro de Morena surge un movimiento (quizá animado por Claudia) exigiendo que ya no se acepte cascajo a ese partido -referente moral, decía Amlo- que ya rebosa de eso.

Dicen quienes negaron o justificaron la corrupción durante el mandato de Amlo, que en parte eso se aceptó por razones de pragmatismo político, y por tanto era válido (cuando el discurso original era que “los fines no justifican los medios”). Pero que eso ya no es necesario ahora.

Y en lugar de reconocer abiertamente que los miembros de Morena desde hace años son de la misma calaña que quienes hoy pretenden rechazar, aplican de nuevo el discurso maniqueo de “buenos contra malos”, pero ahora dentro del partido.

Dicen que los puros, los honestos, los inmaculados de Morena (la gran mayoría, según ellos) no deben ya permitir que se les cuelen los corruptos y abusadores provenientes de la “Derecha”.

Y por tanto debe expulsarse a varios de ellos, e impedir que nuevos chapulines enlodados ingresen al partido.

Y eso se ha notado en torno a varios personajes de recién ingreso, pero ahora también a otros más antiguos como Adán Augusto López, a quien antes defendían.

Pareciera que hay una línea que viene de Palacio Nacional para sincronizadamente desprestigiar a Adán y otros, quizá con el propósito de despejar el espacio político para poner a fieles de Claudia. Veremos si van las cosas por ahí.

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